Libro
Presentado en la 25ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011.

domingo, 7 de agosto de 2016

LA MONJA PERVERSA

LA MONJA PERVERSA
Primera parte


El corazón intentaba salirse de mi pecho mientras corría a toda velocidad por el pasillo, evadiendo a la supervisora que esa noche había adelantado por unos minutos su ronda; era inconfundible ya que siempre dejaba sonar la cadena con el montón de llaves que en todo momento llevaba debajo de su hábito. Entre tanta oscuridad, tropecé sin darme cuenta con una de las grandes y pesadas macetas que hay a lo largo del corredor, dándome tremendo golpe en la rodilla, el dolor fue tan intenso que fue inevitable que no maldijera, pero aún así, cojeando y con sigilo llegué hasta la puerta de mi habitación y pude meterme sin evidenciar mi presencia.

   Cuando Melita recién llegaba de su natal provincia en Italia yo ya me encontraba trabajando en el convento desde hacía 3 o 4 meses atrás. Obviamente, al no pertenecer al noviciado y ser trabajador/interno -como ellos le llamaban al contrato laboral- mi contacto con las jóvenes e incluso con los sacerdotes que dirigían el lugar era muy limitado. El hecho de habitar dicho entorno austero, callado y altamente espiritual, no significaba que allí no hubieran sus asomos de perversión, como en la mayoría de los mortales obviamente; aun así, era muy poco tiempo el que yo llevaba trabajando en el convento y efectivamente, aún había muchísimo más por descubrir.




   Melita es una mujer alta, de no más de 19 o quizá 20 años de edad, el cabello rubio y no muy largo; vestía una falda que llegaba poco más abajo de sus rodillas y y unos zapatos blancos. Su piel se veía suave y limpia, posiblemente proveniente de una familia religiosa y con mucho dinero. Su presencia allí hizo que muchos en el recinto enfocaran sus miradas hacía donde ella estaba, yo no fui la excepción y no pude contenerme, mi fijación fue instantánea hasta que su mirada se cruzó con la mía regalándome una tenue sonrisa; mi corazón se aceleró de inmediato y tontamente tropecé al mismo tiempo que la madre superiora me indicaba que la condujera a su habitación y cargara su única valija. Las tijeras con las que podaba las plantas quedaron tiradas en el suelo y de inmediato obedecí las instrucciones, tomé su maleta y le mostré con un gesto el camino que debía tomar. Tan pronto estuvo instalada en su nuevo cuarto, le dejé sus pertenencias y unas cuantas instrucciones que debería tener en cuenta mientras se acostumbrara a la dinámica del convento, ella sonrió y se dejó caer sobre la cama y miro hacia el techo mientras dejaba escapar un suspiro que me retumbó en la cabeza; giré hacia la puerta para salir y justo antes de cerrar escuché su voz llamándome, regresé de nuevo y se disculpó por no haberme agradecido la ayuda que le brindé; de pronto extendió su mano hacia mi y con un fuerte apretón y una sonrisa iniciamos nuestra relación... de amistad.

Tres semanas y cuatro días después... 

   Era normal que cada miércoles las novicias tuvieran una entrevista -a manera de confesión- con el padre quien es el encargado de guiarlas y conducirlas por "el buen camino" alejando de sus mentes cualquier atisbo de pecado. Aunque para mi todo eso es una completa estupidez me reservaba cualquier tipo de comentario al respecto pero, desde que empecé a dejar los diminutos dispositivos de grabación en algunos lugares del convento, me doy cuenta de las más absurdas y locas perversiones tanto de las jóvenes, como de las madres y los curas. De todos modos, eso a mi no me importaba ya que lo único que realmente quería y deseaba era tener a Melita entre mis brazos y recorrer cada centímetro de su cuerpo. Eso era algo casi imposible ya que me he dado cuenta de su rechazo contundente ante las insinuaciones de uno de los curas jóvenes en una de las charlas que han tenido y con otra joven quien ha intentado sostener conversaciones de tipo sexual pero también la ha frenado de inmediato. Aunque, Melita no es toda una santa, se que en las noches cuando se acuesta, saca de su escondite un reproductor de vídeo digital pequeño en donde guarda sus películas eróticas de Tinto Brass.

   Ese miércoles lo haría de nuevo, indudablemente y yo deseaba descubrir lo que se escondía en ese cuerpo delicado y sensual, ambos nos atraemos puedo sentirlo; la deseo, la deseo con locura.

   Ya era de noche y ya tenía trazado mi plan: adelantaría mis labores cotidianas y antes de que las novicias terminaran su oración vespertina, yo me introduciría en el cuarto de Melita y me escondería bajo su cama; esa noche estaba dispuesto a descubrir su lado erótico y todo aquello que ella hace en la soledad de su habitación. No tardó mucho hasta que por fin llegó; mi corazón se aceleró de inmediato, ya no podía hacer nada, el pánico se apoderó de mi de solo pensar que algo saliera mal, eso sería fatal. Melita empezó a quitarse su ropa, podía ver sus hermosos senos a través de la casi transparente pijama de seda; acomodó sus zapatillas debajo de la cama a pocos centímetros de mi cabeza y luego se dejó caer con gran fuerza sobre el colchón, el impacto hizo que este se doblara levemente y golpeara mi nariz produciéndome sensación de estornudar...



Hector Ruiz-Ospina
Derechos Reservados ©










jueves, 22 de octubre de 2015

THERIAULT (SEXO, LOCURA Y DEPRAVACIÓN)

THERIAULT
(SEXO, LOCURA Y DEPRAVACIÓN)




     El bebé no lloraba, ya no se movía; estaba descubierto, casi desnudo. Inerte, sobre la mesa en la que lo habían colocado, poco después de la medianoche, debido a su incesante llanto. Era imperativo que lo hicieran ya que, la revelación en sus mentes y la doctrina radical que profesaban, era inapelable.

     Pasaban las 5:30 de la mañana; el frío era inclemente y no se escuchaba el más mínimo ruido, ni en la cabaña donde Roch dormía con sus concubinas, tampoco en los demás cobertizos contiguos a este. La noche había azotado el bosque con una fuerte lluvia que, posteriormente, se convirtió en una intermitente nevada la cual duró casi hasta el amanecer. Nadie, absolutamente nadie, podía imaginar que, horas antes allí, se había llevado a cabo una de las orgías más brutales, lujuriosas y sangrientas que harían estremecer las mentes más abiertas o tal vez, se podría catalogar en una escala más alta de depravación. Las "fiestas" ya empezaban a ser periódicas en la pequeña aldea improvisada ubicada en zona boscosa de Ontario Canadá.

     A medida que Roch crecía, ya inclinaba su pensamiento hacia un ambiente un tanto religioso y rodeado de múltiples factores que, muy posiblemente, le resultaban determinantes en las ideas que florecían en su cabeza, las cuales le daban la certeza de lo que él debía hacer en este mundo, precisamente en la búsqueda de la perfección de la sociedad misma y la depuración de cada manifestación de pecado que no hacían otra cosa más que llevar a la humanidad a la destrucción. Es, en este camino, en donde Roch enfoca todo su intelecto, buscando cultivar su propia vida y tomando como base algunos textos del antiguo testamento en donde él (vehementemente) acepta la poligamia, como primera medida, la cual le permitirá procrear la nueva raza pura que se encargará de repoblar el planeta una vez este sea destruido; seguidamente, se auto proclama como la reencarnación de Moisés y por ende, el poder de la ley que sobre éste descansaba. Además, estaba convencido de que la mujer, como tal, debía sumisión al hombre y tenía que mantenerse en un nivel moral e intelectual por debajo de él. Con el tiempo, y después de ser expulsado de algunas iglesias que proclamaban diversas doctrinas, decidió fundar su propia congregación, en donde alimentó la bestia que ya se formaba a grandes pasos dentro de sí y que, gracias a su poder de convencimiento, logró una cifra considerable de adeptos con los cuales puso en práctica su propia fe. 



     
     A continuación narraré una serie de acontecimientos, los cuales tuvieron lugar -precisamente- en el ocaso de su vida como líder espiritual y que, a su vez, denotaron  con extrema crudeza, su comportamiento radical:

     Para Roch resultaba mejor pasar desapercibido ante la sociedad y todos aquellos para quienes él empezaba a resultar una amenaza; obviamente, una persona como él no era bien visto en medio de una sociedad que profesaba la moral, la ética y las costumbres religiosas arraigadas desde antaño. Incluso, las autoridades ya mostraron cierto recelo ante el dominio que Roch ejercía sobre algunos pueblerinos, quienes empezaron a proclamar las "divinidades" que él mismo les profesaba y de las cuales (según algunos de ellos) fueron testigos. No obstante, tanto los fanáticos, como el mismo Roch no representaban un peligro mayor sino más bien, la gente creía que, ellos tan solo eran un grupo de ignorantes que no tendrían futuro alguno en este mundo.




Tiempo después...

     La pequeña aldea que Roch había fundado con la ayuda de sus seguidores, los cuales ya sumaban alrededor de una veintena, sumado a las concubinas que le servían de soporte y que, además (algunas de ellas) le habían dado hijos, hacían que la comunidad se sintiera fuerte y en aumento, puesto que, Roch era, en síntesis, el padre de casi todos los bebés que nacieron desde que fueron obligados a desaparecer de los ojos de la sociedad que, cada vez más, los señalaba como fanáticos locos. El grupo trabajaba en beneficio propio; fieles creyentes en las palabras de su líder, en quien creían ciegamente y quien, a su vez, les prometía el nuevo mundo que ellos mismos estaban destinados a procrear, siendo únicamente ellos los elegidos para dicha tarea. La sumisión total a su maestro y el culto que este les proveía era lo único que debía existir en sus mentes; además de que solamente él era el único que tenía comunicación directa con Dios y, por lo tanto, el portador de los mensajes.

     Roch tenía preferencia por algunas de sus concubinas en las noches y en ocasiones el licor que él consumía, lo transformaban en un hombre brutal y despiadado, llegando incluso a involucrar a algunos de sus súbditos en orgías que duraban horas; prolongandose, en ocasiones, en días completos sin importar los gritos lastimeros de los pequeños desatendidos, los cuales eran castigados a causa de su llanto y encerrados en uno de los cuartos. Según Roch, era mandato de Dios que el llanto fuera disipado por medio del castigo ya que este lo consideraba como manifestación innegable de pecado. Hombres y mujeres eran inducidos a un estado de trance en el que creían que su líder tenía poderes que el mismo Dios le había otorgado y seguían al pie de la letra cada uno de sus deseos.
Esa noche, después de haber llevado al extremo el contacto sexual múltiple y desenfrenado, Roch se preparaba a intervenir quirúrgicamente a su primer esposa, quien se encontraba exhausta. Ella debía ser sometida a la extirpación de una de sus costillas ya que Dios le había hablado a Roch en ese momento y le había ordenado que se la extirpara, la puliera y la luciera colgada en su cuello como collar; según él, esto demostraría su total entrega y amor para quien era el encargado de gobernar el nuevo mundo. Al inicio, nadie objetó la locura de la que éste hablaba y, por el contrario, sirvieron de ayudantes para sujetar a la mujer, pero esta ya no oponía resistencia, pues ya se encontraba a punto de sucumbir por el efecto del alcohol y el cansancio. De inmediato, la sangre salió a borbotones y poco después de haberle cortado parte del hueso de su costado, la mujer se fue desvaneciendo mientras sus ojos se apagaban, al mismo tiempo que contemplaba como su "amante" le arrebataba la vida.





     Amputaciones, golpes, sodomías e infinidad de prácticas despiadadas provenían de la mente perversa de Roch, quien se auto proclamaba parte del Dios creador; el mismo que le había encomendado la tarea de repoblar la tierra con la nueva semilla que heredaría el paraíso. Manteniendo comunicación constante con él a través de visiones y sueños reveladores y quien -incluso- le había ordenado el asesinato de uno de sus hijos con tan solo pocos meses de haber nacido...




Roch "Moses" Theriault (El Mesías salvaje)
Canadá 1947-2011

       

Hector Ruiz-Ospina
Derechos Reservados ©

     


lunes, 31 de agosto de 2015

EN EL BAR, 8:40PM

EN EL BAR
8:40PM




     Ya pasaban las 3 de la tarde y Jimmy estaba sentado en la barra del bar que, a menudo visitaba; siempre solitario y bohemio, sumido en sus propios pensamientos y acompañado de una mezcla entre Beatles, Rolling Stones y uno que otro Glam Rock. Este bar, en especial, era el que normalmente frecuentaba ya que no era muy grande y al que acudía casi siempre la misma gente; el cantinero, como el muchacho que llevaba las bebidas y hasta el de la música ya le conocían, pues era muy frecuente su presencia en aquel bar.
Era un miércoles caluroso, especial para beber cerveza hasta el anochecer; Jimmy no tendría que trabajar al siguiente día lo cual le daba cierta tranquilidad y especialmente, esa noche pasaría allí más tiempo que de costumbre. A su alrededor, tan solo habían dos mesas ocupadas, no se reconocían las parejas claramente puesto que el sol ya se ocultaba atrás de los edificios amontonados en el centro de la ciudad. 
     De regreso del baño, Jimmy se percató de la presencia de dos mujeres en una mesa justo enfrente a la barra donde él estaba sentado, pasó cerca de ellas y aspiró el rico perfume femenino que le llegó bien adentro de los pulmones, estas no lo tonaron tan siquiera y continuaron con su charla mientras el mesero les tomaba su orden. Sentado nuevamente en su lugar, Jimmy levanta la botella y da un sorbo a la cerveza mientras cruza una mirada con una de las chicas que acababan de llegar, ella pareció no interesarle y regresó su cabeza pero, intempestivamente volvió la mirada hasta donde él estaba y con un gesto un tanto coqueto, le dio a entender que, o ya lo había visto antes en algún lugar o simplemente hubo algo en él que le atrajo en ese momento. A pesar de lo ocurrido y después de que la chica continuó hablando con su amiga como si nada hubiera pasado, levantó de nuevo la cerveza y tomó otro trago, pensaba que aquello había sido algo normal, intrascendente; o bueno, eso era lo que él creía.

     Ya el reloj marcaba las ocho de la noche, tiempo en el cual las mujeres se pusieron de pie como si se dispusieran a dejar el lugar, la otra chica baja los dos o tres escalones que la acercan a la salida del bar y con un ademán de despedida, le da un beso en la mejilla a su amiga y sale por la puerta. La que sutilmente coqueteo con Jimmy fue la que se quedó, pero antes de regresar a la mesa, se dirigió hasta el tocador de mujeres perdiéndose en la penumbra anterior al pasillo en donde estos estaban. Pasaron, tal vez, cinco minutos hasta que su silueta apareció de entre las sombras; se paró justo al lado de donde Jimmy estaba sentado, posó los codos en la barra y sacudió su cabello mirándolo de reojo y le pidió una cerveza al cantinero; se acercó un poco más y sacó un cigarro, sensualmente lo sostuvo entre sus labios mientras Jimmy, en medio de su torpeza, intento darle fuego dejando caer su encendedor. La chica sonríe y acaricia la mano de jimmy al momento de que éste al fin logró encender su cigarrillo, le agradeció por su amable gesto y lo impregno del humo que salía de su boca; luego, tomó la cerveza y se dirigió hasta una mesa diferente a la que estaba con su amiga, allí había una mezcla perfecta entre oscuridad y luz, lo cual le daba un toque de sensualidad y locura perfectos para el momento.

     De repente, la mujer lanzó una mirada atrevida a Jimmy quien ni siquiera parpadeó, su corazón se aceleró; ella cruzó las piernas de manera que, gran parte de su piel quedara expuesta y a la vista de él, luego, descaradamente le invitó a ir hasta donde ella estaba con tan solo mover sus labios. Jimmy estaba en shock y pensó, por un momento, que tanta cerveza ya lo tenía medio borracho y esto distorsionaba su propia realidad. Al principio no dio crédito a lo que vio sino hasta que, nuevamente, la chica le instó a ir hasta donde ella estaba. De inmediato, tomó la botella en su mano y recorrió la distancia que lo separaba de la mujer, una vez frente a ella, ésta le dijo que tomara asiento y le invitó a quedarse para hacerle compañía; obviamente, Jimmy no objetó nada, recorrió la silla frente a ella y se sentó.

     Andrea, dijo llamarse la mujer mientras alargó la mano hacia él como un gesto de saludo; sus ojos parecieron -para ese entonces- como si quisieran devorarlo totalmente. Jimmy, por su lado, estaba acelerado y un poco petrificado por su comportamiento pero, de todos modos, intentaba no parecer un tonto ante tales pretensiones. Tratando de pensar como manejar la situación que tenía ante sus ojos, Jimmy levanta la cerveza para darle un sorbo pero, cuando estaba a punto de pasar el líquido, siente como el pie de Andrea le sacude los testículos y se anida en su miembro. De inmediato, la espuma le salió por la nariz y soltó un borbollón de cerveza que mojó casi toda la mesa, la chica sonrió mientras el desconcertado Jimmy sucumbía ante una tos incontenible, al mismo tiempo que miraba el rostro de Andrea complacida por lo que estaba pasando. El mesero se percató de lo que allí estaba sucediendo y prontamente se acercó para limpiar, llevando consigo dos botellas más que ya Andrea había ordenado. Sin darle, tan siquiera, tiempo de reaccionar, acerca su silla hasta donde él estaba tomándole -decididamente- su miembro, en un intento de sacarlo afuera de su pantalón. Jimmy, casi instintivamente la toma por el brazo y trata de alejarla pero, en cierto modo, le agradaba, tal vez lo deseaba pero, el hecho de que hubiera gente en el bar además de los que lo atendían, le producía un cierto grado de vergüenza e hizo un esfuerzo para que la chica moderara su actitud.}

     Jimmy, ya entrado en el calor abrazador (después de que una de las parejas sentadas cerca a ellos se marchó) permitió que Andrea diera rienda suelta a su lujuria y ambos se mezclaron en un beso que duró por mucho tiempo, ambas lenguas se mezclaban entre si hasta el grado de fundirse entre saliva y sudor. La chica intentaba una y otra vez desabrochar el pantalón de Jimmy para saborear los fluidos de su miembro que, brotaban por la fina capa de jean que lo separaba de su boca. Por otro lado, él ardiente Jimmy, ya jugaba con los senos de Andrea los cuales se endurecieron al contacto con sus dedos entre la blusa y el sostén; ella, agarró su otra mano y la llevó hasta su vagina que ya mojaba su entrepierna, él pudo notar como ella lo quemaba mientras lo apretaba contra su pelvis la cual se contraía a cada roce de su clítoris. La locura fue total, Jimmy ya deseaba penetrarla y ella no paraba de sudar y gemir incontrolablemente. En un acto de lucidez, él intentó convencerla de salir, tomar el carro y conducir hasta algún motel cercano pero ella no quería, lo desarmó en un segundo diciendo que rasgara ya su ropa y la acostara allí sobre la mesa; lo que ella deseaba era sentir las embestidas que la catapultaran a un orgasmo sin igual, ella deseaba entregarlo todo en aquel bar sin importarle nada, solo sexo, duro y perpetuo.




     El cantinero pudo darse cuenta de como la mujer parecía desquiciada. Ya el reloj marcaba las 8:40 de la noche y el bar estaba a punto de cerrar, la música dejó de sonar devolviendo a la realidad a aquellos dos amantes. Jimmy se acercó hasta la barra para tratar de explicar lo que estaba sucediendo pero el cantinero no quiso escuchar, él ya lo sabía, tan solo le alargó las llaves del lugar y le dijo que podía quedarse mientras terminaba su noche de locura; al fin y al cabo, el complejo de locales donde estaba el bar cerraba dos o tres horas más tarde y esto daba tiempo para que, Jimmy satisficiera plenamente los deseos de la joven que clamaba por pasión y sexo. 
Tan pronto y como los empleados salieron, la chica arrastró a Jimmy hasta el pasillo entre besos, caricias y mucha lengua. Cuando ya estuvieron ambos en el baño, Andrea azotó la puerta fuertemente la cual se cerró de un solo golpe, bajó el pantalón de Jimmy, tomó el miembro entre sus manos y lo metió hasta su traquea como queriendo devorarlo; él, por su parte, la tomó por cabello y ambos sincronizaron movimientos por unos cuantos minutos. Después, la tomó por el brazo -era su turno- desabrochó la camisa y su lengua la recorrió desde el cuello hasta el ombligo pasando por sus senos; el diafragma evidenciaba espasmos que, desembocaron en gemidos de placer los cuales se ahogaban en el trayecto de la cadera a la vagina, culminando en manantiales de fluidos que brotaron sin cesar. Andrea sintió que era momento de sentirlo penetrando ya su cuerpo y con solo un movimiento lo consiguió, el hombre la embestía fuertemente mientras ella se aferrara a su espalda con el filo de las uñas que le desgarraban la piel lo cual no le importaba, Jimmy estaba dispuesto a soportar lo que fuera con tal de disfrutar de aquel momento. Era tanta la entrega de él y tanta la energía liberada que, al momento de ambos explotar en mil orgasmos, un chispazo en el cerebro le nubló la conciencia y éste cayó al suelo en medio de un desmayo fugaz, del cual salió tan pronto como su cabeza golpeo la baldosa dejándolo aturdido. Andrea logró ayudarlo a ponerse de pie pero, el estruendo fue tremendo, lo que provocó que el vigilante llegara hasta allí, presuntamente el bar ya había cerrado y no debía haber nadie allí. Después de unos cuantos llamados y solo hasta que lograron vestirse nuevamente abrieron la puerta; el hombre reprobó el hecho y los obligó a marcharse del lugar.

     Cuando Jimmy y Andrea estuvieron en la calle, él la invitó a pasar la noche en un Motel pero, el rostro de ella había cambiado, ni siquiera le prestó atención a sus palabras y se dirigió hasta donde estaba su carro; él la siguió y la tomó por el brazo, ella se detuvo y de una sacudida se soltó, volteó a mirarlo, lo ignoró y cuando se subió al carro, antes de arrancar le dijo: 

-ni siquiera te conozco, nunca nos hemos visto, nunca me saludes-


Hector Ruiz-Ospina
Derechos Reservados ©

      





viernes, 10 de julio de 2015

ANDY (AMANTE INMORTAL)

ANDY
(AMANTE INMORTAL)




... Sentados, a mitad de camino en la escalera que conducía al segundo piso; allí estaba Luke, quien sujetaba la delgada cintura de Andy mientras ésta, lo quemaba con una mirada que irradiaba lujuria y pasión. El destello de los relámpagos se colaba a través de las cortinas a merced del aire que golpeaba sin piedad toda la casa. Andy estaba dispuesta a disfrutar aquel momento como nunca antes, deseaba aferrarse hasta morir a aquella "casualidad" que el destino le había traído en medio de la tormenta; sentía como si ya lo conociera de tiempo atrás y en ese momento se dispusiera a recuperar todo el tiempo que habían estado separados, su corazón acelerado y su piel erizada se acoplaba a aquel hombre, como si de un solo cuerpo se tratara. Ambos estaban dispuestos a morir esa extraña noche; haciendo el amor hasta su último respiro, entregando todo hasta el final. Andy lo esperaba, toda su vida lo esperó y en ese mismo momento, envuelta entre el más puro sentimiento, regala a Luke su último respiro, su último beso, el último palpitar.


10 horas antes:

La tormenta que azotaba sin piedad aquella noche, obligo a Luke a bajar de su carro, teniendo que dejarlo abandonado en un lugar desconocido;  ya casi consumido por el caudal de agua que hacía ver la carretera como un río salvaje y sin final. 
Totalmente empapado y en medio de la nada, decidió correr en busca de un lugar alto; unos cuantos metros delante de él se encontró con un sendero rodeado de árboles y optó por permanecer allí hasta que el nuevo día llegara. Todo el lugar resultaba un misterio para Luke quien ya mostraba indicios de hipotermia; debía encontrar un lugar seco lo antes posible o de lo contrario, era muy probable que no sobreviviera. Aunque Luke ya había recorrido ese lugar con anterioridad, todo le resultaba nuevo y desconocido esa noche, por un momento pensó que había tomado un camino equivocado, lo cual lo hizo desviarse de su ruta sin darse cuenta. Todo el terreno se miraba desierto y ni la más mínima presencia de casas al rededor donde pudiera acudir por ayuda. La noche se convirtió en una carrera a contra reloj por sobrevivir, en medio del más brutal e incesante clima que amenazaba con arrebatar su propia vida.

Luke no estaba dispuesto a darse por vencido y continuó corriendo sin parar; él pensaba que si lo hacía, podría mantener su cuerpo caliente mientras la lluvia paraba pero, a medida que pasaban los minutos, todo parecía ir peor.

Pasaron alrededor de tres horas hasta que, Luke alcanzó a ver, a lo lejos, una tenue y casi imperceptible luz que daba la impresión de ser una casa en medio de la nada; sin dudarlo se dirigió hasta allí y –como si se tratase del cielo- golpeo desesperado sin obtener respuesta alguna. De pronto, alguien pareció recorrer unos pasos desde adentro y que se detuvieron justo detrás de la puerta, Luke se emocionó pensando que la puerta se abriría pero no fue así; por el contrario, el rostro de una mujer anciana pudo reconocer detrás de la cortina que cubría el vidrio en la parte superior de la puerta, los ojos de la mujer parecieron brillar cuando se acercó hasta el cristal para investigar cuantas personas estaban afuera de la casa. Luke se impresionó con aquel rostro e intentó retroceder, pero se detuvo en el momento en que una voz le preguntó acerca de lo que allí buscaba. Después de una corta explicación, la puerta se abrió y la anciana mujer –con un gesto- le invitó a pasar; ya estando adentro, le ofreció unas cuantas mantas y una botella de whisky que extrajo de un baúl viejo y lleno de telarañas que había en un extremo de la sala. La casa lucía descuidada y su decoración –además de ser un tanto extraña- daba la impresión de ser antigua. Luke aceptó el ofrecimiento sin ningún problema y tomo un tragó que lo calentó de inmediato; la anciana tenía entre 75 y 80 años –tal vez un poco más- estaba un poco encorvada pero no usaba bastón; su cabello era blanco, enmarañado, le tapaba parte de la cara y sus manos eran extremadamente delgadas, casi cadavéricas; además, las uñas pareciera que no las había cortado en varios meses. Extrañamente sus ojos (o lo que se alcanzaba a ver detrás del cabello que cubría la cara) no parecían haber envejecido con ella, sino que por el contrario, expresaban vida y brillo como los de una mujer en su juventud. De todos modos, la anciana habló muy poco con Luke; le ofreció un sillón que había en la sala en donde podría dormir por aquella noche pero, le advirtió que, si osaba subir las escaleras o intentara llegar hasta su habitación, lo haría volar por los aires con una escopeta que mantenía junto a su cama todo el tiempo, la cual no dudaría en usar si fuera necesario. Luke sonrió y le dejó claro que, tan pronto amaneciera se marcharía, no sin antes agradecerle su hospitalidad. Dicho esto, la mujer subió por las escaleras mientras Luke volteó para servirse otro trago de whisky, ya para cuando éste giró de nuevo, la mujer ya había desaparecido.
Un trago más antes de dormitar en el sofá fue necesario para que Luke pensara sobre lo que haría a la mañana siguiente, en caso de que su carro haya sido arrastrado por la corriente; caminó hasta la ventana y miró a través del cristal pero la lluvia arreciaba como vendaval. De repente, una voz de mujer se escuchó desde el segundo piso, Luke volteó rápidamente; parada en el barandal estaba una mujer joven, llevaba un vestido rojo y miraba al hombre desde allí; aparentaba tener unos 25 años y una belleza sutil, era hermosa. Luke estaba petrificado y no pudo hablar siquiera; ambos cruzaron la mirada y él sintió como si un encanto lo tomara sin control. El vaso resbaló de su mano y esto fue lo que lo sacó del trance; intentó preguntarle a la chica quien era ella pero tartamudeó, quiso subir de inmediato por la escalera pero resbaló y cayó al suelo. Antes de que este pusiera un pie en los escalones la joven le advirtió que su abuela dormía en la habitación y que si él subía, ella lo lastimaría.
Luke aún estaba mareado por el efecto del whisky y el golpe que se dio en la caída; cuando por fin logró incorporarse y volteó hacia la escalera, la anciana ya estaba frente a él, retrocedió dos pasos y cayó sentado en el sillón; no entendía como ella había bajado los escalones tan rápido y quiso saber quién era la otra mujer que había visto en el segundo piso, la anciana no respondió y Luke sintió miedo; pensó que tal vez la anciana mantenía cautiva a la mujer que había visto minutos antes; así que, se puso de pie aun tambaleándose y se apresuró a la escalera mientras la anciana le decía que no lo hiciera. Después de subir el último escalón sintió debilidad en su cuerpo, se detuvo y vio su imagen reflejada en un espejo que había en el pasillo frente a él, esta le mostró un cuerpo viejo y decrepito. Levantó sus manos y tocó su cara, su aspecto había cambiado como por arte de magia y su apariencia era la de un hombre de más de 70 años de edad, no lo podía creer, estaba al borde de la locura y se desvaneció. Tirado en el suelo, vio como la anciana subía las escaleras y a medida que avanzaba se hacía más joven; Luke estaba en shock; más aún, cuando la anciana se fue transformando en la joven que él había visto antes; ella se acercó a él y lo tomó por el brazo para llevarlo de regreso abajo, una vez allí, el recobró su fuerza y ella su vejez.

Luke no sabía cuánto tiempo había pasado y su cabeza aún daba vueltas; desde el segundo piso la mujer dijo llamarse Andy, no paraba de mirarlo, pareciera como si Luke fuera el amor de su vida. Por primera vez, hablaron sin parar; él se enamoró en ese mismo instante de ella, en su interior sintió una sensación pura, de amor; era como si hubiera salido de una amnesia en donde Andy recobraba su propia vida. Ambos llegaron a la mitad del camino de las escaleras y en medio de esa realidad su piel se fundió en una sola piel.
Lágrimas, sudor y pasión inundaban el corto espacio en las escaleras; los relámpagos dejaban ver sus espinas dorsales en completo movimiento, ambos, presas del deseo insaciable e irracional. Andy gemía sin control mientras sus uñas se clavaban en la espalda de Luke, sangraba pero no había dolor; éste se aferraba a la suavidad se sus pechos que se endurecían al contacto con su lengua. Los fluidos viajaban en ambos cuerpos, la humedad tocaba el suelo y el orgasmo mutuo selló por completo el destino que estaba a punto de llegar.
Luke tiene entre sus brazos el cuerpo inerte de Andy, ella acaba de entregarle el regalo más sublime que estuvo guardando toda la vida para él; la desesperación era total, Luke grita desesperado mientras las lágrimas brotan a borbollones,  no está dispuesto a dejarla morir. Como puede, se pone de pie y sube los pocos escalones que le separan del segundo piso, él intuye que en la habitación de Andy debe haber algo que le permita traerla de nuevo a la vida; antes de llegar a la puerta de la habitación se debilita pero esto no le importó, abrió la puerta y al fondo de la habitación una luz centelleaba como el zafiro, Luke entró al cuarto y a pocos pasos de la luz cayó al suelo ya sin fuerzas; sus ojos alcanzaron a ver como el cuerpo de Andy se transformó en una bebe que tan solo gateaba y se acercó a él. Con una sonrisa en su rostro, Luke le entregó a Andy el mejor regalo de su vida.




Hector Ruiz-Ospina
Derechos Reservados ©

Entradas Anteriores

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...