Libro
Presentado en la 25ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011.

domingo, 9 de febrero de 2014

BUSCANDO A ANGELA Parte II

BUSCANDO A ANGELA
Parte II





En algún lugar de México, tres años después...

Lagrimas y sollozos casi mudos se podían escuchar al otro lado de la raída pared, el pasillo estaba oscuro y habían puertas a lo largo del lugar, la luz era deficiente y se notaba un alto grado de descuido y falta de aseo; bajo las habitaciones estaba una amplia sala desde donde se podía escuchar música baja y unos cuantos murmullos, el humo del cigarrillo y otras sustancias generaban una densa capa de niebla que se mezclaba con los pocos haces de luz que se filtraban a través de las tablas clavadas en las ventanas. Unos cuantos hombres vestidos de militar y otros con finas ropas hablaban con el encargado de la casa y éste - a su vez- les mostraba un catálogo con imágenes despertando el interés de todos, posterior mente y luego de haber pagado un importe, los hombres eran conducidos por el ayudante al segundo piso en donde ingresarían a alguna de las habitaciones dependiendo del costo y perversión al que tenían derecho. El ayudante era joven y siempre cargaba consigo un cinturón lleno de llaves las cuales sonaban cada que daba un paso y al subir las escaleras, el muchacho era sordo mudo y tan solo se limitaba a cumplir con lo que se le pedía llevando a los clientes a su destino sin permitir que las mujeres salieran de la habitación.
En ocasiones se escuchaban gritos desde el pasillo, golpes e insultos que terminaban opacandose lentamente con el correr de los minutos sin causar el más mínimo atisbo de preocupación, sino que más bien producía la satisfacción de aquellas mentes enfermas que formaban parte de aquel macabro lugar. Diariamente la casa era procurada desde poco antes del medio día y hasta más allá de la media noche, gente de toda clase que de alguna manera conocía el lugar y que compartía en su totalidad la forma como era manejado; hombres y mujeres de diferentes edades se reunían para satisfacer sus demonios al costo que fuera sin el menor sentimiento de culpa, todos eran cómplices pero no les importaba. Temprano en la mañana el sordomudo visitaba cada una de las habitaciones llevando con sigo una bandeja llena de diferentes pastillas y un galón de agua mezclado con cerveza, cuarto por cuarto entraba y obligaba a las mujeres a tomar la pastilla con un sorbo de la bebida que las tendría somnolientas y poco agresivas, listas para la visita de quien las quisiese o de quien pagara su precio. Algunas de ellas estaban amarradas de sus manos a sus catres con muestras de violencia o ceñidas en sus muñecas, otras tantas presentaban moretones en sus rostros con hematomas a punto de reventar, casi todas compartían el llanto y la repulsión total a lo que estaban siendo sometidas. Casi a ninguna se le permitía salir de su habitación y estaba totalmente prohibido hablar con los clientes amenazadas con la muerte ya que si lo hacían podrían crear algún tipo de vínculo con ellos que les podría ocasionar problemas, tomando también como medida que solo se les permitiera bañarse una vez por semana y estaba totalmente prohibido el uso de maquillaje o ropa teniéndolas solo con ropa interior en todo momento, comían solo una vez por día y estaba prohibido recibir dinero o alimentos de los visitantes. Era normal que algunas de ellas murieran en el lapso de tiempo que mantenían recluidas en el lugar, unas por enfermedades, otras más por maltrato, por intentos fallidos de escape o simplemente porque no encontraban otra salida a su tortuoso destino. Al final del pasillo se encontraban las jóvenes "nuevas" y que por lo tanto su valor era más elevado y no se les permitía a los clientes el castigo u otro tipo de aberración con ellas a no ser de que el pago fuera de gran dimensión al cual solo podría acceder gente poderosa y con mucho dinero en este caso los extranjeros.
Angela se encontraba en la última habitación y hacía poco que había llegado, pasó algún tiempo desde que fuera raptada en su natal Costa Rica recorriendo parte de Centro américa y cambiando de captores en distintos lugares manteniéndose viva hasta ese momento, pero con un sufrimiento a cuestas que la mantenía el borde del suicidio...

Hector Ruiz-Ospina
Derechos reservados 


1 comentario:

  1. Asombroso esa es la cruel realidad en la que vivimos mientras estamos en nuestras casas con nuestras familias cenando en algun lugar o lugares esta sucediendo esto que feo siento porque soy mujer y cualquiera esta expuesta a esto.....

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