Libro
Presentado en la 25ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011.

miércoles, 26 de febrero de 2014

OCURRIO UNA VEZ...EN LA MONTAÑA Parte I

OCURRIÓ UNA VEZ ...EN LA MONTAÑA
Parte I





El encuentro había sido programado para el siguiente domingo lo cual me llenaba de ansiedad, faltaban solo unas horas y lo que tanto había estado deseando desde el mismo momento en que fui contactado estaba a punto de materializarse, sé que muchos no me creerían y por el contrario me llamarían loco, pero mi convicción era suficiente para aceptar los acontecimientos que vendrían.
Todo empezó hace solo unos días atrás cuando Natalia y yo caminábamos por la cima de un cerro cerca de nuestra casa, en medio de una lluvia que nos sorprendió sin avisar y antes de decidir bajar, nos refugiamos en una cueva que estaba camuflada entre los arbustos y el follaje,  supongo que era una especie de abertura hecha naturalmente en la roca ya que carecía de marcas producidas por algún tipo de herramienta, la lluvia se convirtió en tormenta obligándonos a permanecer dentro de la cueva hasta el anochecer  amenazándonos con prolongar nuestra estancia por mucho tiempo más, el estruendoso cielo castigaba nuestros oídos despiadadamente y la intensidad de los relámpagos iluminaba la montaña dejándome ver momentáneamente la silueta de los árboles cercanos, las ramas se mecían fuertemente, unas se partían, otras se balanceaban en sentido del aire dándole un toque de zozobra al momento. Inexplicablemente, una luz descendió en medio de la noche, esta empezó a bajar justo enfrente de nuestros ojos, el entorno empezó a tornarse en un rojo difuminado entre las gotas de lluvia y un refulgente blanco el cual no podíamos ver fijamente pero que estaba apuntando en nuestra dirección, Natalia estaba nerviosa e intentó salir corriendo de la grieta a toda costa y tuve que detenerla, ambos estábamos aterrorizados con lo que estaba pasando pero también sabíamos que lo que hubiera allí afuera tendríamos que afrontarlo juntos, una caída por la ladera del cerro podría resultar fatal en caso de resbalar y con nuestro corazón a punto de estallar decidimos conservar la cordura. La extraña luz se mantuvo en su posición e inexplicablemente la lluvia cesó, pero solo en ciertas partes, el extraño objeto se acercaba cada vez más a la copa de los árboles dejándonos ver por primera vez su gran tamaño además de que producía un extraño sonido parecido al de la corriente eléctrica, nosotros estábamos estupefactos y no pudimos siquiera movernos, aquello era indiscutiblemente una nave extraterrestre la cual nos observaba mientras flotaba en el espacio, estaba diseñada con un extraño metal –supongo- que brillaba con el destello de los relámpagos, no tenía ventanas pero sabía que nos observaban. La luz blanquecina formaba una especie de camino entre la nave y nosotros y no penetraban las gotas de lluvia, cuando se encontraba a una distancia cercana al suelo vimos como en una pequeña área de la extraña aleación empezaba a difuminarse como si se tratara de agua al dejarle caer una roca creando una onda repetitiva sobre ella, esto permitió cierta traslucidez quedando poco a poco al descubierto un extraño hombre que salía de allí y quien se aproximo a nosotros sin necesidad de caminar, la luminosidad nos impedía mirar a los ojos de aquel “visitante” que media unos 2 metros, su aspecto era muy similar a nosotros con la diferencia de que su piel era como sintética o daba la impresión de serlo, o tal vez era su traje. Este ser nos envolvió en una especie de calor agradable, por alguna razón no tuve miedo y creo que Natalia tampoco, sentimos ausencia de fuerza en nuestros cuerpos y esto nos mantuvo en la misma posición en que estábamos, no podíamos resistirnos a ese éxtasis maravilloso en donde llegué a pensar que levitaba y hasta llegar a sentir la sensación de paz que llenó por completo aquella experiencia.
            Edahí dijo llamarse y también que provenía de una galaxia cercana para él y demasiado distante para nosotros, no hablaba pero todo me lo transmitía a manera de pensamiento, me sentía conectado a Natalia y ambos con quien nos mantenía inmersos en aquella burbuja, seguidamente nos dijo que debíamos reunir el total de once personas que al igual que nosotros, confiaran y creyeran en lo que el mundo trata de ocultar. Debíamos reunirnos el siguiente domingo 3 de abril en ese mismo lugar en donde se nos develaría una “gran verdad” y se nos haría participes de uno de los acontecimientos que muy probablemente cambiaría nuestras vidas. Sus palabras siempre fueron suaves y precisas, en todo momento sentimos que no nos lastimaría y que en el mejor de los casos nosotros habíamos sido escogidos para llevar un mensaje al mundo, si ese fuera mi destino, lo aceptaría encantado...


Hector Ruiz-Ospina
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