Libro
Presentado en la 25ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011.

jueves, 20 de febrero de 2014

¿TE ENCONTRARÉ BAJO LA LLUVIA?

¿TE ENCONTRARÉ BAJO LA LLUVIA?






...Recuerdo que era miércoles, tal vez las dos de la madrugada, quizá un poco más tarde, no recuerdo exactamente. Estuve desde temprano en el bar de la calle Hudson y no se cuantas copas de ginebra había tomado, la lluvia no daba tregua, parecía desaparecer en la espesa niebla londinense y no me importó caminar desde allí hasta mi departamento, de todos modos nada más podría salir mal aquel día pues había terminado mi relación de algunos años con mi chica por circunstancias mutuas y también estaba a punto de perder mi empleo por causa de mis errores constantes, solo faltaba que me cayera un rayo en medio de la tempestad y tal vez hubiera sido la solución a mi patética vida. Las calles estaban completamente solas y tan solo se escuchaban los ladridos de algunos perros del vecindario cuando me sentían cerca; yo estaba totalmente mojado y no sentía frío, a una cuadra de distancia dibujándose entre la capa de humo una mujer, se aproximaba hacia mi, lo supe por su atuendo y porque llevaba un ancho sombrero y unos tacones, no me explicaba lo que una mujer estaba haciendo a esa hora en la calle y menos caminando sola, ya a pocos metros de mi, levantó su cabeza y pude ver sus ojos, me regalo una tenue sonrisa y yo en medio de mi jodida borrachera casi caigo al charco de agua, intenté hablar pero la lengua no respondió. La mujer se detuvo y miró a ambos lados de la calle como buscando algún lugar, efectivamente a esa hora no había nada abierto y cómo pude le pregunté si buscaba algún lugar para pasar la noche no lo encontraría pero podría ser mi huésped mientras amanecía, ella me daba la espalda y volteo hacia mí pero no me habló, movió su cabeza aceptando mi ofrecimiento. Aún sonreía y por primera vez clavó su mirada en mi, sentí como sus intensos ojos me levantaban casi del piso y mágicamente escuche un leve susurro en mi cabeza, le ofrecí mi mano y ella accedió dando unos cuantos pasos para luego dirigirnos a mi departamento sin responder a nada de lo que yo le preguntaba, tan solo me miraba y con sus ojos miraba cada uno de mis gestos.
La llevé hasta la sala y encendí la chimenea mientras yo pasaba al cuarto contiguo para secar mi cuerpo y cambiarme la ropa, ella extrañamente estaba seca y desde mi habitación pude ver como caía su larga cabellera rubia después de quitarse su sombrero, estuvo de pie recorriendo el pequeño espacio a lo largo de la sala y deslizando sus manos en el sofá; posteriormente desabrochó su gabardina deslizándose al suelo, ella llevaba un vestido negro de piel casi brillante pegado a su cuerpo dejando en evidencia aquella silueta que centelleaba en medio de la penumbra y las llamas de los troncos ardiendo. Yo me senté en el sillón y la invité a tomarse una copa de vino tinto, ella la tomó en sus manos y bebió un poco mientras me miraba fijamente penetrando en mi con tanta fuerza que me daba la impresión de ser absorbido por su presencia; sin darme cuenta ella se acerca a mi y sus dulces labios besan los míos, inmediatamente caí desvanecido en el sofá mientras ella tomaba mi cabeza en sus manos sin dejar de besarme, se sentó sobre mí y empezó a desabotonar mi camisa, mi respiración se aceleró y cada toque de sus manos en mi cuerpo producían intensas vibraciones que me llevaban a lo más sublime de ese momento, yo acariciaba su piel mientras la desnudaba percibiendo una suavidad tibia y rara que me atrapaba sin piedad, sus muslos apretaban mi cintura y juntos danzábamos casi en el aire, en medio de una sinfonía de ángeles sin fin. Mis manos rodeaban su espalda mientras cada centímetro de ella me reclamaba, levantaba su cara al cielo y sus inacabables labios rojos se entre abrían para luego morderse entre sí; sus uñas se fundían en mi pecho como si este fuera oleo y juntos seguimos siendo dueños de aquella noche la cual era testigo de aquel maravilloso encuentro y llevando al silencio todo lo que fue.
Aún no amanecía y desperté alterado en mi cama, la buscaba por todos lados pero ella ya no estaba, no supe a que hora me quedé dormido y corrí hasta la sala pero todo lucía normal, como si nada hubiera pasado, no había ninguna prueba de aquella realidad, todo lo vivido a su lado se esfumó en ese instante, la noche me la había traído y me la había arrebatado al alba sin darme la oportunidad de sentirla una vez más. Han pasado 5 años desde aquella noche y aún la sigo buscando en las noches de lluvia pero jamas la he vuelto a ver. Extrañamente encuentro su perfume en mi almohada después de la media noche y desde aquel entonces...

Hector Ruiz-Ospina
Derechos reservados

6 comentarios:

  1. Hay encuentros que no tiene o no necesitan explicación.. una lectura sumamente disfrutable!
    Buen fin de semana, un beso.

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