Libro
Presentado en la 25ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011.

viernes, 28 de marzo de 2014

ARRANCAME EL ALIENTO

ARRANCAME EL ALIENTO




...¿Te acuerdas pequeña?, yo queriéndote besar y tu rehusando aceptar lo que ya sentías, ¿cuántas miradas cruzadas, cuántos pensamientos en sincronía, cuánto amor? me mirabas con tanta fuerza que a pesar de tus intentos fallidos por no demostrarme lo que despertaba en ti, sentía ese fuego que traspasaba mis entrañas y convulsionaba mi razón. Pasabas detrás de mi y sentía como mi cuerpo te atraía, te detenías y absorbías mi aroma, yo en cambio, sacudía mis problemas y tenía siempre la mejor sonrisa para ti, deseaba que te sintieras segura a mi lado y que mi espacio ocupara un lugar en tu cabeza, una idea...tan solo una de tus ideas en la que yo formara parte y así abrazar la inmortalidad, para hacer brillar tu mirada...
Temblamos aquel día en el que ambos nos besamos, te sentía más liviana, me abriste la puerta y poco a poco fuimos habitando nuestras almas, nuestro espíritu y caminamos de la mano por el sendero que escribía nuestra historia. Nuestro amor crecía cada día más y nada nos importaba; ese día en el restaurante después de aquella cena cuando tu escogiste el vino tinto, pediste al hombre del piano que tocara nuestra melodía mientras ambos huíamos por el pasillo hacia el baño, allí, tu sudor se mezclaba con mi piel mientras te hacía mía, te levanté sobre mi cintura y tu espalda contra la pared, el espejo nos acusaba mientras tu y yo hacíamos el amor como dos locos...
Siempre existió complicidad para nuestros maravillosos momentos y a pesar de todo el tiempo que llevábamos juntos, siempre existió nuestra magia, la que solo surgía en comunión de nuestros deseos y en conspiración de nuestra propia cordura.
Aquel paseo en bus durante el invierno aún lo recuerdo, tu llevabas aquel vestido largo con sandalias entrelazadas y tus uñas pintadas de rojo que hacían ver tus pies eroticamente sensuales. Muchos decidieron ir a París esa noche de lluvia, ya no había espacio y aún así desde el último asiento donde estábamos, metí mi mano bajo tu falda sin que nadie me notara y tu te aferraste de mi brazo, nos miramos y supimos que teníamos que continuar, tus ojos iluminaban aquella noche y mientras los demás pensaban en infinidad de problemas, ideas o simplemente contaban las calles antes de llegar a su destino, yo, en cambio, me disputaba aquel lugar entre tus piernas y tu cabeza junto a la mía me ligaba a tu respiración acelerada, tus labios se entre abrían como muestra de deseo indomable...detuvimos el autobús y fuimos corriendo bajo la lluvia a buscar un lugar en una de tantas callejuelas estrechas y solitarias para dar rienda suelta a nuestra lujuria; nada más importaba, París estaría allí esperándonos por siempre.
El tiempo nos devoró, estuvimos aquí y allá, aprendimos de la vida todos estos años pero ahora el médico me dice que ya no recuerdas nada, que es parte de la misma enfermedad que padeces por la edad...no lo creo porque se que nuestra unión retumbará en la eternidad. Yo solo quiero que sepas que nada ha sido más feliz que desde el día en que quisiste hacerme parte de tu felicidad.

Hector Ruiz-Ospina
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