Libro
Presentado en la 25ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011.

sábado, 15 de marzo de 2014

BUSCANDO A ANGELA Parte VII (Lucrecia, la puta más triste)

BUSCANDO A ANGELA
Parte VII
(Lucrecia, la puta más triste)



En algunos casos el dolor experimentado en ciertas etapas de la vida hace que las personas creen una barrera de sentimientos bloqueando, inclusive, cualquier manifestación de nobleza y siendo este mecanismo el que les permite sobrellevar la vida y las circunstancias a las que esta los lleva. Angela estuvo muriendo por dentro los días siguientes a su perdida y en ocasiones fantaseaba con su bebe, como si este estuviera con ella, la locura se apoderaba de ella y a pesar de su corta edad estaba teniendo que crecer rápidamente. No volvió a saber de Victor y tal vez fue mejor así, sin embargo su destino estaba siendo guiado al sufrimiento en mayor escala y en beneficio de quienes no tienen el más mínimo atisbo de conciencia sino que por el contrario, ven en el tráfico de mujeres un negocio prospero que crece en todas las esferas del planeta y que consume los sueños más puros de todo aquel a quien ellos tocan.
Pasaron doce meses ya desde ese fatídico día en que Angela descubrió toda aquella farsa y en donde descubrió la verdadera naturaleza de el hombre del que se había enamorado pese a ser su secuestrador y a quien desgarraría con sus propias manos si tuviera frente a ella. 

Lady ville, Belice...

Angela había sido llevada a Belice cruzando de Nicaragua hacia Honduras para posteriormente ser sacada en avioneta usando la isla de Sandy Bay, Víctor había cobrado cierta cantidad de dinero para venderla a una célula de proxenetas mexicano-americanos que manejaban una extensa zona a lo largo de la costa atlántica y esta, a su vez, se conectaba con una red de tráfico mundial que suplía la alta demanda de personas a todos los continentes. En este nuevo lugar donde fue recluida Angela, compartía su habitación con una chica joven, de unos 20 años, lloraba todo el tiempo acurrucada en la esquina del cuarto en donde atesoraba botellas de vidrio de diferentes productos y los cuales contaba cada que tenía tiempo, sus rasgos eran finos y se podían notar a pesar de golpes y laceraciones que le propinaban cada que compraban un rato con ella, pues era muy alta y rubia llamando la atención de aquellos ejecutivos que buscaban realizar sus más bajas fantasías... 
-Lucrecia, te buscan, levántate rápido...- abre la puerta un hombre y la tomó por el brazo, -no quiero, suéltame- ella se sacude y lloriquea pero el hombre no la suelta y le da un bofetón que la deja atontada y se pone de pie. La saca del cuarto y cierra la puerta, del otro lado está su verdugo y este al verla se acerca a ella y acaricia uno de sus pómulos, -no llores pequeña, la pasaremos tan bien como la última vez, te traje unas cuantas botellas más para tu colección-, sonríela toma por el cuello y la conduce al cuarto contiguo y cierra la puerta, inmediatamente se escucha un fuerte estruendo y seguidamente el grito de lucrecia, posterior a esto se escucha como si el hombre la castigara con un látigo y después de unos cuantos gritos su voz empieza a apagarse, Angela logra ver por una de las hendiduras de las viejas paredes como el hombre desnuda a la mujer rasgando parte de su camisa, posteriormente la penetra con violencia y a medida que la sacude la toma del cabello y escupe en su cara. El acto es brutal y despiadado hasta el punto de ocasionarle heridas internas en su vagina produciendole una hemorragia que culmina con el climax del hombre quien tomando de la misma sangre se la impregna en la cara a la mujer y la envía con fuerza contra la pared. 
De regreso a la habitación, corre hasta su esquina y empieza nuevamente a contar las botellas sin parar de llorar y con sus ropas rasgadas, Angela se acerca a ella tratando de consolarla, -ya pasó todo, no te preocupes...-, Angela pone su mano sobre su hombro y la mujer se levanta con furia golpeándola en su cabeza con una de las botellas, -NO ME TOQUES!!!-, Angela sale disparada hacia un extremo de la cama y queda semi inconsciente, Lucrecia empieza a estallar todas las botellas en el suelo esparciendo los vidrios a su alrededor, posterior a esto los arrastra con sus manos creando un pequeño montículo sin percatarse de que sus manos están ensangrentadas y con heridas profundas, luego trepa a un pequeño armario y observa a Angela, -hoy seré libre por fin Angela- da un salto y se deja caer sobre el montón de vidrios filosos cortándola mortalmente, desgajando sus partes y abriéndole heridas que exponían sus órganos, su sangre salia a borbollones y mientras esta se retorcía su vida la dejaba para siempre. Angela intento auxiliarla pero no fue posible, se arrastro hacia ella como pudo pero ya nada se podía hacer, Lucrecia, la puta triste ha partido...  

Hector Ruiz-Ospina
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