Libro
Presentado en la 25ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011.

martes, 25 de marzo de 2014

DONDE MORAN LOS DEMONIOS I

DONDE MORAN LOS DEMONIOS
I




Robert y su familia estaban felices y no lo ocultaban, y era de esperarse ya que después de tantos años de esfuerzo, trabajo y ahorro por fin pudieron comprar una casa, un nuevo lugar en donde ambos verían crecer a sus dos pequeños hijos y continuarían con sus vidas lejos de la ciudad y del ruido.
Por mucho tiempo vivieron en casa de los papás de Robert y cuando nació su segundo hijo -Michael- decidieron rentar un espacio para todos, teniendo que mudarse constantemente debido a los viajes que obligaban a Robert a ausentarse por días e incluso semanas. La pareja ya antes habían platicado sobre la posibilidad de comprar una propiedad a las afueras de Greenbow, Alabama donde se dedicarían de lleno a la crianza y futuro de los nuevos integrantes de la familia y donde el padre ya no tendría que ausentarse sino que adaptaría la propiedad como una granja y de allí obtendría los recursos necesarios para mantenerse; es por esto que ahorraron todo lo que pudieron para hacer su sueño realidad y justo ese día su sacrificio estaba rindiendo los frutos de su dedicación.
La propiedad era antigua y no contaba con vecinos cercanos, eran necesarias unas reparaciones en su interior y fachada y acondicionarla para poder vivir. La casa había sido construida poco después de la segunda mitad del siglo XIX y los dueños posteriores habían ido y venido sin dejar registro alguno; al momento de acudir a ver la gran oferta que les hacían por la casa, Robert y Marie no dudaron en aceptar la propuesta hecha por el agente vendedor y desde ese mismo instante planearon lo que harían antes de mudarse para que a finales de ese Septiembre ya estuviera lista y poder habitarla junto con los niños, una vez instalados continuarían con los demás detalles de decoración y renovación de la fachada.
Robert pasó unos cuantos días en la casa habilitando las tuberías de agua, gas y revisando las conexiones eléctricas, inexplicablemente en el interior de la casa se sentía frío aún con el día soleado, esto no lo preocupó en lo más mínimo y pensó que tal vez la calefacción estaba obstruida y no permitía el paso del aire, acondicionó los cuartos para los niños en el segundo piso y la alcoba donde estaría él y su esposa y que contaba con una vista amplia al exterior. El cobertizo estaba a unos pasos de la casa y allí no había mucho por hacer, tan solo acomodar unas viejas herramientas tiradas en el piso y cortar la maleza que había crecido en la entrada, unas cuantas monturas para caballo colgadas y herraduras esparcidas en el piso, antes de salir siente una especie de susurro que llegó a su oído izquierdo y una brisa suave hizo que sus cabellos se ondularan levemente, al voltearse se percata de que no había nadie y no le da importancia a lo sucedido. Ya era viernes y al siguiente día pasarían su primera noche en su nueva casa, él estaba seguro de que nada era más importante en ese momento y que allí realizaría sus sueños completamente.
Temprano en la mañana empiezan a descargar las cosas y lo niños, quienes ya contaban 6 y 5 años respectivamente, correteaban afuera sin parar; era tanta la euforia que tenían que no les importaba el hecho de que sus padres les dijeran que se tranquilizaran, poco después de entrar en la casa subieron las escaleras disputándose el cuarto que le iba a tocar a cada uno. Alex -el mayor- escogió el cuarto contiguo a sus padres y el más joven le tocó el del extremo izquierdo también junto al de sus papás; aún todo estaba desordenado y Robert decide armar las camas de los niños para que pudieran dormir esa noche mientras Marie comenzaba a destapar las cajas y acomodaba lo demás, primeramente en la cocina y posteriormente ambos acordaron la posición de los muebles y demás armarios en la sala hasta entrada la noche y que el cansancio los derribara en la alfombra junto a la chimenea. Los niños, por su parte, se durmieron en el cuarto de Alex  y antes de la media noche ya todos dormían plácidamente.
El ruido como de carruajes halados por caballos hacen que el hijo mayor despierte y se levante de la cama, se acerca a la ventana y ve a través de ella pero no hay nada, frota sus ojos con sus manos y mira otra vez, ahora ya logró ver a dos personas con extrañas vestimentas que le miran desde abajo y lucen pálidas, al verlos sintió miedo y se escondió detrás de las cortinas, pasaron unos segundos y aún temblando decidió asomarse una vez más y ya no estaban, habían desaparecido o tal vez había sido creado por su imaginación. De regreso a su cama, se da cuenta que su hermano duerme profundamente y él decide volver a las cobijas pero al momento de taparse, un fuerte jalón lo destapa y la sábana sale volando hasta la pared,  el rostro de una mujer vieja y cadavérica le grita como regañándolo a unos pasos de su cama...  

-MAMA!!!-...


Hector Ruiz-Ospina
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