Libro
Presentado en la 25ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011.

jueves, 10 de abril de 2014

HABLANDOLE A LA MUERTE

HABLÁNDOLE A LA MUERTE



Mi compañero yacía en el piso casi inerte y junto a él un soldado con uniforme enemigo, volteó hacia mi y me miró, me dijo algo en su lengua que no entendí y apunté mi arma hacia él, todo a mi alrededor volaba por el aire y el sonido de las ametralladoras se confundían con los motores de los aviones que se precipitaban a escasos metros del suelo dejando caer el poder de su armamento que nos aniquilaba sin piedad. El hombre me ignoró y continuó sobre el cuerpo de mi amigo, estaba asustado (tal vez igual o más que yo) y la gente corría disparando en medio de las densas capas de polvo, todos estaban conmocionados por el combate; se escuchaban gritos, insultos, muchos imploraban por su madre y otros tantos vociferaban irracionalmente. Yo debía actuar prontamente y le disparé al hombre en la cabeza sacudiendo su casco quien cayó sobre el pecho del Sargento, en medio del caos decido arrastrar el cuerpo de mi compañero y no dejarlo allí tirado, pero antes de llegar a él, una luminosidad me cegó, catapultandome unos cuantos metros lejos de donde estaba destrozando mis piernas y llenando mi cara de esquirlas de metralla que quemaban sin piedad, mi muerte estaba segura y mi participación en aquel conflicto al que había sido enlistado por encima de mi propio criterio estaba dando sus frutos, el envío de una puta bandera con el titulo de "héroe" sería enviada a mi madre -como se acostumbra- y estaría sepultado en uno de tantos cementerios en donde yacen decenas de miles y tantas historias de valentía y cobardía, todas juntas en el eterno silencio de los campos verdes.
Inesperadamente la vida me había dado una segunda oportunidad y tan pronto como pasaron cuatro días desperté en una cama confortable, las heridas del combate continuaban abiertas y me producían muchísimo dolor a pesar de haber estado tantas horas inconsciente; una de mis piernas ya no estaba y de mi cara habían sido extraídas unas cuantas piezas de metal que se incrustaron al momento de la explosión y que aún continuaban en una mesa al lado de la cama. Sentado en una silla, mirando a través de la ventana estaba un hombre quien al percatarse de mis movimientos se levantó acercándose hasta mi y tomó mi pulso, tocó mi frente y me acercó un vaso con un líquido verdoso que olía a yerbas para que lo tomara y después de esto me empezó a contar todo lo sucedido desde el mismo momento en que fuimos atacados y de como él me había sacado del lugar siendo del comando enemigo, su explicación fue totalmente lógica y los argumentos usados para definir el conflicto fueron convincentes. Según él, habían muchos otros soldados que ayudaban a las víctimas de la guerra sin importar a que  bando pertenecían y eran resguardados mientras recibían atención; una semana después yo fui devuelto a un convoy que pasaba cerca de la zona donde yo había caído y  que quedaba cerca de la granja a la que fui llevado, lo siguiente fue tomar un avión militar que me llevó de nuevo a casa.
Desde ese momento empecé a tener un extraño sueño justo en el momento en el que le disparé a aquel soldado que intentaba hacer algo con el Sargento y que miserablemente le arranqué la vida, el sueño era recurrente y siempre terminaba en un charco de sangre y por más que yo luchara lo volvía a soñar noche tras noche, esto me hacía sentir culpable y miserable a la vez. Meses después, la firma de un papel dio por terminado el conflicto y ambos países establecieron convenios que les facilitaría la relación a cada uno y de paso, garantizaría una convivencia pacífica entre ambos pueblos desde ese entonces. A pesar de continuar con aquellas pesadillas pensé que necesitaba averiguar por el Sargento y el misterioso hombre a quien yo mismo había matado y buscar alguna conexión que fuera la causa de los sueños y poder cerrar aquel ciclo; en el comando me informaron que efectivamente mi amigo había muerto en combate y justo en el lugar donde yo lo había visto, eso significaba que tal vez el otro soldado era la clave de todo pero a pesar de sus esfuerzos no había podido identificarlo, en ese momento decido viajar a la granja donde fui escondido después del brutal ataque que me tuvo al borde de la muerte y buscar información que me ayude a dar con el paradero del otro soldado, que muy probablemente había también fallecido en el mismo lugar por mi causa. Al llegar a la cabaña y tocar notó que nadie respondía y tan solo el ladrido de un perro era lo que se escuchaba al interior, rodeo la casa buscando por la parte de atrás y no pude ver a nadie, toco de nuevo y al no obtener respuesta ingreso por la puerta que da a la cocina y nadie parecía estar en casa, llego a la sala, el baño y uno de los cuartos desde donde ladraba el perro, éste al reconocerme se acercó y empezó a olfatearme. El ruido de un motor de carro se detiene frente a la puerta principal y un  hombre se bajó apresuradamente, antes de que subiera los tres escalones para llegar yo mismo le abrí la puerta e intenté darle una explicación al hombre del porqué de mi presencia el cual me ignoró y entró casi atropellándome, sacó unos documentos de la casa y salió nuevamente pero esa vez lo detuve y le pregunté por mi amigo, el que me había salvado la vida y este tan solo se limitó a decirme que él estaba a punto de morir en una clínica cercana sin más datos; el hombre se subió al carro y estando allí me invito a acompañarlo y ambos llegamos juntos al lugar donde él estaba y en la sala de espera estaba el doctor y de inmediato nos informó que era urgente conseguir un riñón compatible con el paciente ya que el accidente le había dejado inservibles los suyos y era vital hacer un trasplante ya que el aparato al que estaba conectado lo mantendría con vida tan solo unas 20 horas más. 
La urgencia necesitaba acción inmediata y decidido a ayudarlo solicité ser su donante en caso de que ambos fuéramos compatibles, no bastaron más de 15 minutos para darnos cuenta de que el podría sobrevivir con uno de mis riñones y ambos entramos a la sala de cirugía en donde se realizaría el trasplante y allí estuvimos por cuatro largas horas.
De regreso a casa de mi amigo, él aún estaba inconsciente y estaría en esa condición por un día más, el hombre se baja del vehículo y junto con otro se disponen a llevarlo a su cama en donde uno de ellos se quedaría cuidándolo hasta que volviera en sí. Yo los acompañé y tan pronto lo acostamos en su cama fue inevitable que viera las fotos sobre la mesita de noche, en ellas estaba él con su uniforme de militar y mi gran sorpresa fue descubrir que aquel hombre había sido a quien yo mismo había disparado en el campo de batalla pero por alguna razón no murió y contrario a eso había salvado mi vida sin importarle nada . 
Desde ese día una parte mía vive en él y su recuerdo en mi memoria por toda la eternidad... 


Hector Ruiz-Ospina
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