Libro
Presentado en la 25ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011.

sábado, 19 de abril de 2014

SUEÑOS EN ARENA

SUEÑOS EN ARENA


La noche de aquel fatídico viernes, el barco en el que yo iba naufragó, todas las personas que viajaban conmigo en el crucero desaparecieron o tal vez murieron, yo no puedo recordar lo que sucedió minutos después del impacto que destrozó la nave, ni siquiera sé que fue lo que pasó ni de dónde provino la misteriosa luz que antecedió la intensa sacudida y posterior hundimiento del enorme barco; yo fui despedido una gran distancia al momento de la explosión y lo único que recuerdo es estar tragando bocanadas de agua y mis ojos que se cerraban ante la imposibilidad de poder salvarme, dejándome súbitamente inconsciente.
El agua salada se metía en mi boca y ya me encontraba atragantado con una gran cantidad de arena, como pude, reaccioné y me puse de pie, el calor era intenso y mientras recobraba mi conocimiento caminé por la playa intentando buscar respuestas pero nada parecía tener sentido; en la lejanía no se divisaban embarcaciones y en la orilla no habían piezas o fragmentos del barco en el que me encontraba. No tenía conocimiento de cuánto había recorrido ni cómo había llegado a aquella isla y muchísimo menos cuánto tiempo debería estar allí o con qué me iba a encontrar mientras durara mi estancia en ese lugar. Muchas cosas pasaron por mi cabeza en ese momento pero era obvio que no obtendría respuesta inmediata, estas llegarían a medida que el tiempo pasara y tan pronto se iniciara la búsqueda de sobrevivientes por parte de las autoridades que ya para ese entonces debería estar enteradas de lo sucedido.
Tenía mucha sed pero no había nada de agua cerca que no fuera de mar y frente a mí habían unas cuantas palmeras y algo de follaje que no me permitía ver mas allá de unos veinte metros; rodeé la pequeña isla hasta llegar al mismo punto en el que estaba y no percibí la presencia de animales o de más personas, estaba solo, completamente solo y tenía que encontrar agua y algo para comer si quería permanecer con vida mientras era rescatado. Entonces, decido internarme un poco en la parte más densa y buscar allí algo que me pudiera servir o usar a mi favor mientras la ayuda llegaba; la vegetación era muy extraña e incluso los insectos que sobrevolaban al rededor de las ramas parecían de un cuento de hadas, no habían frutas ni algo que me resultara familiar pero después de unos cuantos minutos, estaba -creo yo- en la mitad de la isla y allí pude ver una especie de manantial de donde manaba agua, una especie de agua brillante y al rededor había una capa de humo que danzaba circularmente en toda la fuente, no se apreciaba el origen del líquido ni mucho menos si podía beberlo. La necesidad me impulsó hacia la fuente y me zambullí de un salto, y tomé agua hasta saciarme, esta parecía no solo calmar mi sed sino además me daba la sensación de una satisfacción total, incluso hasta mis dolencias y laceraciones en mi piel desaparecieron por completo, estaba -quiza- disfrutando de "La fuente de la vida" e indudablemente me sentía bien en todos los aspectos.
Ya se acercaba la noche y mucho más arriba, sobre la copa de los árboles pasaban unas luces que parecían detenerse en la playa, la luna no aparecía por ningún lado y los cambios normales que separan el día de la noche no se manifestaban, yo sentí algo de sueño y a escasos metros por fuera de la fuente quedé tendido en el suelo. lo que sucedió después podría describirlo como un sueño puesto que las sensaciones y experiencias van muy por encima de la razón y guardan un eterno grado de misticidad y fantasía que llevaron mi mente a lugares insospechados...
Ella, yacía sobre la tibia arena y de frente a mi, esquivamente me acerqué y descubrí que estaba desnuda pero no la percibía totalmente sino que esta se iba materializando a medida que los segundos pasaban, era como si se armara molecularmente y de manera sistemática. Sentí miedo y no me acerqué demasiado, la mujer despertó y volteó hacia mi, sus ojos penetraron los míos y su fuerza poseyó mis sentidos; se sentó, estiró una de sus manos y me invitó a sentarme junto a ella, yo accedí y al momento de tocarla la calidez de su piel se impregno en todo mi cuerpo y sucumbí ante su presencia. Ella levantó su mano y acarició mi cara sutilmente y recorrió todo mi cuerpo, su olor era como el jazmín al atardecer y su respiración hacía eco en mi cabeza, si ella deseara matarme yo estaba dispuesto a entregarle mi vida con una sonrisa pero lo que recibí a cambio fue un universo eterno de sensaciones resumido en sus caricias y me dejé llevar sin limitaciones hasta donde ella quisiera. Hicimos el amor esa primera noche y nuestros cuerpos se fundieron en una nebulosa llena de matices y sentimientos desbordantes de placer, ella dominaba el momento y mis sentidos evolucionaban con cada beso, cada caricia... empezaba a convertirse en una diosa y mi piel ya la reclamaba aún sin saber nada de ella, aquellos acontecimientos no podían ser reales y si lo fueran yo estaba muerto ya o simplemente estaba formando parte de un sueño del que no deseaba despertar jamas.
Pasó el tiempo y aunque yo ya no tenía esperanzas -o ya no lo deseaba- de ser rescatado y estaría confinado a vivir en aquel lugar por el resto de mi vida, siempre encontraba a la mágica mujer en cada atardecer junto a la playa y nos entregábamos con la misma intensidad como desde nuestro primer encuentro, siempre le pedía me llevara con ella pero jamas escuché una sola palabra de su boca y tal vez jamas las necesité puesto que el lenguaje no era necesario en nuestro tiempo, en nuestro espacio juntos y tan solo me limité a vivir cada día esperando cada noche y encontrarla de nuevo para continuar amándonos eternamente.
El espacio y el tiempo parecían no tener cabida en aquella isla ni en nosotros y a pesar de existir una monotonía cíclica en el entorno, esto jamas fue impedimento para percibir cada encuentro como algo deliciosamente diferente y totalmente satisfactorio. 
Según mis cálculos han pasado al rededor de cincuenta años y no envejecemos, no he comido en todo ese tiempo y tan solo teniendo a la fuente como único sustento, los días y las noches siguen siendo exactamente iguales y la diosa aún llega a mi como de costumbre. Hoy he visto la luna nuevamente y me parece extraño, además de sentir frío y hambre, presiento que algo diferente está apunto de suceder y esto me aterra, no deseo otra vida más que esta y el temor de morir me devasta, llevo largo tiempo esperando a mi amada pero aún no llega, no sé que está pasando y presiento lo peor, algo malo se avecina, no quiero perderte mi diosa celeste, por favor ven a mi como siempre lo haces.
Algo se aproxima desde el cielo, es una luz, tal vez es ella, me dirijo hasta la orilla a su encuentro pero me descubro algo diferente, algo que me elimina totalmente de este mundo...estoy acabado.
Todo lo que ha sucedido no fue real, no para mi. Ella no forma parte de mi sueño...yo formo parte del suyo...


Hector Ruiz-Ospina
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