Libro
Presentado en la 25ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011.

sábado, 3 de mayo de 2014

¿ASÍ, O MÁS FÁCIL?

¿ASÍ, O MÁS FÁCIL?






Hace algunos días atrás recordaba sobre mi infancia, era el final de los años 80´s y entraba en rock en español a Sudamérica y todo el mundo se preparaba para una nueva etapa. La escuela y el colegio me mantuvieron mucho tiempo metido en la biblioteca de mi ciudad en donde se respiraba un aire de aristocracia, su construcción es de mediados del siglo XVII y fue construida exclusivamente para la llegada de un virrey de España el cual, jamás puso un pie en el lugar, sus tertulias entre músicos, escritores, poetas, clases de solfeo y piano e infinidad de reuniones culturales, formaban parte de este exquisito lugar. Solía investigar sobre historia y geografía, literatura y una que otra fabula, en todo momento escribía en el papel lo que para mí era más importante o lo que era objeto de investigación para presentarlo de tarea, aprendía constante mente y surgía en mí el afán de saber siempre un poco más, de no negarme la oportunidad de disipar mis dudas y mis cuestionamientos sobre determinadas cosas. En la escuela, mis maestros sabían quiénes eran mis padres y como se llaman, además de mantener una relación cordial y periódica con ellos en donde se trataban asuntos escolares en torno a mi conocimiento y crecimiento en la institución y mi integración a la sociedad. Muchísimas veces llegué a mi casa con la palma de la mano roja porque ese día había ganado el premio de los reglazos, no entendía porque pero los aceptaba, tal vez mi propia conciencia sabía de antemano que eran bien merecidas e incluso que hicieron falta más de esos. Conocía mi debilidad por hablar enfrente de mis compañeros y con la ayuda de los maestros pude lograrlo, a la fuerza pero lo hice, por más que trataba de esquivar una salida a exponer era siempre el escogido y pensé que si me preparaba de antemano, lo iba a disfrutar después. En diciembre escribía la carta al niño Dios con la fe encendida, todos estábamos rodeados de una energía navideña reflejada en los pesebres y en las luces que adornaban mi ciudad, mi barrio. Podía respirar un ambiente totalmente diferente y lleno de felicidad, las familias compartían unas con otras en estas fechas donde abundaba la natilla y los buñuelos, la lechona y el sancocho y un sinnúmero de platillos que forman la amplia gastronomía de mi ciudad de origen. Yo era un niño enormemente feliz así el niño Dios le trajera al hijo del vecino el juguete que yo había pedido y en cambio a mi me había dejado de paso por mi casa, un par de calcetines. Nada me hacía más feliz que ser niño.
Hace algunos días desperté y me di cuenta que había crecido, más de lo que imaginaba, no sé cómo pasó ni a qué hora, decidí salir a la calle y en poco tiempo me encontré en un mundo extraño, el oxigeno en la atmosfera se sentía diferente, el volumen de la ciudad era más fuerte, algunas madres indígenas como las que veía en televisión y sus hijos deambulaban por la ciudad pidiendo dinero, los niños dormían en el suelo y otros más jugaban mientras los carros casi los rozaban al pasar, ellas dicen que han sido desplazadas en medio de la “guerra” y que la selva ahora tiene demonios que tratan de llevárselos. Algunas extrañas modas han surgido y en cada una existen personas que siguen sus tendencias, el metal y la carne se unen como en el mejor de los experimentos de antaño, la música se lleva en los oídos todo el tiempo y las rosas dejaron de ser el regalo predilecto, las pantallas y la publicidad en la calle te invitan a ingresar al mundo de lo más “cool” y te sugieren un prototipo de vida para ser feliz. La biblioteca ya no existe pero si su construcción, de hecho casi ninguna de las bibliotecas sobrevivió al aplastante descubrimiento del “copiar y pegar” que desencadeno una euforia sin precedentes en casi toda la humanidad, los libros han dejado de ser el factor fundamental de la sabiduría y ahora todo es más fácil, ya no tienes que leer porque existe algún programa que lo hace para ti. Las fábricas han dejado de ser manuales al 100% y ahora utilizan aparatos que igualan o superan a la productividad de determinados hombres, no comen ni se enferman, buen punto. Ya no existe el niño Dios y sus cartas han dejado de escribirse, todo eso ha desaparecido y los niños prefieren mejor pedir los regalos directamente con la intervención de sus padres. La navidad ahora se ha tornado gris, ya no hay espíritu, todo dejó de ser igual, la pólvora ha sido prohibida y la carne de cerdo ha aumentado su precio, ya no hay más natilla ni buñuelos porque ahora todo es “más fácil”. Estamos en el futuro, en donde todo el mundo está caminando hacia su felicidad plena, hacia su propia evolución en donde todo está “bajo control". Pero a mí, devuélvanme mi niñez.

(Artículo para Periódico "Semanario Laguna" de Chapala, Jalisco México. 2012)

Hector Ruiz-Ospina
Derechos reservados


1 comentario:

  1. Hola Hertor:

    Pues, es muy cierto esto que dices; un día yo también me desperte, salí a la calle y me encontre a mí y los que conocía totalmente distintos: ya las nubes no eran de algodón y con un simple "¡mamá!" no se resolvía todo, el mundo se me hizo pequeño y el aire denso. Supongo que de esto se trata crecer, lo malo viene siendo el mundo al que nos tenemos que integrar. Ahora todo es más mediocre cada: no buscamos, no leemos, no aprendemos y no hacemos nada y, dicho sea de paso, no soñamos (no anhelamos realmente nada, vamos como quien dice "en piloto automático", la mayoría). El raciocinio se ha ido fundiendo entre tanto mecanismo inservivble que se ha creado en los último tiempos, y digo inservible no porque en la pragmática no sirvan para nada, sino que de nada sirve tener una herramienta que no queremos aprender a utilizar y a extraerle el verdadero propósito para lo cual fue creado. Es una lástima porque, a pesar de que ya todo está muy perdido, podría salvarse una que otra cosa, podría salvarse la niñez si cayeramos encuenta, la mayoría, de que algo no anda bien. En conclusión, creo que todos nos sentimos en gran parte estafados al entrar a la sociedad actual. Yo también quisiera volver a vivir una vez más esa niñez tan anhelada.

    Saludos afectuosos,

    Nicole Mendoza González

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