Libro
Presentado en la 25ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011.

martes, 2 de septiembre de 2014

MUERE LENTAMENTE MUJER DE PELO ROJO (segunda parte)

MUERE LENTAMENTE
MUJER DE PELO ROJO
(segunda parte)




Algunos años después...
Ana despierta presa del pánico en medio de la noche, afuera hay una gran tormenta con truenos y relámpagos que iluminan la oscura habitación, ella lleva sus manos a la cara para secar el sudor, aún está sobresaltada por la horrible pesadilla que tuvo y que la despertó antes del amanecer, coge el vaso con agua que hay junto a la cama y toma un poco, da una mirada al reloj y se da cuenta que aun falta mucho para amanecer . La furia de la lluvia le impide dormir nuevamente pero ella intenta descansar a toda costa, se siente agotada así que decide voltearse y taparse con la sábana; de inmediato siente un poco de humedad llegando hasta sus piernas, abre los ojos y salta de la cama, a pocos centímetros de ella está la silueta de una persona envuelta en la misma cobija, la intermitencia de la luz le deja ver manchas de sangre en casi toda la cama y de un jalón descubre el cuerpo quien estaba bañado en sangre. Ana se estremece e intenta correr pero no puede, aquel cuerpo es el de un hombre quien ha sido desmembrado de sus piernas y devorado en parte de su rostro, sus viseras resbalan por un lado de la cama y el charco de sangre se coagula en el suelo, la chica luce trastornada y agarra nuevamente el vaso con el agua, toma un poco más pero al dejarlo sobre la mesa nota que este se ha teñido de rojo, Ana corre hasta el baño y enciende la luz, en el espejo ve el reflejo de su cara ensangrentada y las cicatrices que aún no terminan de sanarle por completo y que en ocasiones le desgarran la carne, levanta sus manos temblorosas y descubre pedazos de tejido entre sus uñas y sangre seca que le llega casi hasta los codos, como puede abre la llave e intenta limpiarse. 
Ana ha bajado las escaleras como puede, llevando consigo el cuerpo del hombre, abre la puerta que da hacia el campo y lo arrastra por el lodo, el cadáver está muy pesado y resbala varias veces, unos cuantos metros lejos de la casa se encuentra un enorme árbol y bajo este una especie de pozo en donde la chica deja caer el cuerpo sin pensarlo; la lluvia la tiene toda empapada pero eso parece no importarle y ella regresa corriendo hasta la casa para deshacerse de todo lo demás antes de que amanezca. Poco a poco ella empieza a recordar lo que pasó aquella noche y como el hombre resultó muerto en su propia cama. El hecho parecía emocionarla y lentamente el miedo se disipó de su cabeza y se dibujó una sonrisa cuando llevó uno de sus dedos a su boca y saboreó con su lengua una gota de sangre que aún quedaba en el vaso de cristal. El humo de la ducha deja entrever unos pequeños pezones que rozan las paredes de vidrio mientras el agua lava las últimas muestras de sangre que ruedan por su cuello, las manos apoyadas se deslizan lentamente hasta perderse en la niebla entre sus piernas, enloqueciendo entre espasmos y gemidos de pasión que no se enmudecían ni siquiera con el ruido de los truenos desatándole un orgasmo brutal que la elevó del suelo y la escondió entre la nube de la ducha. 
Temprano en la mañana Ana se dispone a salir a la ciudad que queda cerca del lugar en donde vive, abrocha las cuerdas de sus tacones y cubre con una falda moretones y cicatrices de su enfermedad, esconde unas llagas que tiene en su espalda que manan sangre constantemente y cubre con un pañuelo su rostro en donde algo parecido a un carcinoma le carcome bajo su mentón parte de su cara y cuello, los adornos que se pone le hacen parecer más una joven rebelde y fuera de lo común que una chica enferma o asesina que se prepara a atacar. A pesar de lo que fuera Ana era una mujer muy atractiva y el rojo intenso de su cabello sumado al brillo de sus ojos le resultaban infalibles a la hora de conseguir lo que quería y el hombre que la viera caía presa de su encanto.
Poco antes de que Ana encienda el motor de su carro, una mano empuñando una pistola atraviesa la ventana encañonando su cabeza, el hombre desesperado le deja saber que él la había visto la noche anterior como lanzaba un cuerpo dentro el pozo, no solo esto era suficiente para llamar su atención sino que además le amenaza con informarle todo a la policía en caso de que ella no le diera lo que él quería. Ana baja del auto sin siquiera sentirse intimidada y le ofrece a cambio unos cuantos billetes, el hombre la mira de arriba a abajo y lleva una mano a su cara y se saborea con su lengua mientras continúa apuntándole con el arma, arrebata el manojo de billetes pero le dice que quedarse callado costaba más que eso y si deseaba comprar su silencio este le saldría un poco más costoso que el simple dinero; la chica no se opone a sus pretensiones y le invita a seguir al interior de su casa, el hombre vacila pero no accede así que se recuesta en el capot del carro, baja su pantalón y señalándole a la chica le ordena satisfacerlo con su boca. Ana dobla sus piernas, baja el calzón del hombre, quita el pañuelo de su cara y lo toma por sus caderas... 


Hector Ruiz-Ospina
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1 comentario:

  1. quedó en la cueva(si no recuerdo mal),ahora Ana es grande,tiene supuestas pesadillas,pero son reales,pasando de confusa a recordar(asume su crimen),pero mi duda es:la experiencia que vive de niña(su amiga y la monja),tendré que releer,algo se me escapa,abrazo amigo(me gusta más esas narraciones apasionadas!)

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