Libro
Presentado en la 25ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011.

lunes, 8 de septiembre de 2014

MUERE LENTAMENTE MUJER DE PELO ROJO (tercera parte) INICIO

MUERE LENTAMENTE 
MUJER DE PELO ROJO
(tercera parte)
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Cuatro cuerpos yacen tirados en el piso: una mujer adulta y un hombre en la habitación donde Ana se encuentra, dos niños más en el pasillo que va hacia la cocina, La niña no sabe lo que pasó ni porqué los cuerpos están ensangrentados, ella está asustada y se da cuenta que sus manos y su ropa están llenas de la misma sangre que -incluso- impregna todas las paredes del cuarto, todo da vueltas a su alrededor y el olor de la escena sangrienta le produce nauseas, como puede y tropezando con lo que encuentra a su paso logra salir de la cabaña y al pisar el primer escalón de madera que hay en la entrada éste se rompe y una gran astilla penetra en su pantorrilla, Ana grita de dolor.

Ana despierta acelerada y nerviosa, no sabe donde se encuentra. Está en una cama y a través de la ventana observa la nieve caer, segundos después entra a la habitación una mujer, Ana se asusta pues es la misma que apareció en su pesadilla, la mujer se acerca a ella y toca su frente, voltea hacia atrás y llama a alguien, casi al mismo tiempo entra un hombre no muy viejo y se dirige hasta donde está la mujer, él tiene los ojos bien abiertos y en una de sus manos lleva un libro, el hombre luce un tanto preocupado y no parpadea. La mujer destapa parte del cuello y espalda de la niña descubriendo una marca de dientes infectada que mana una especie de pus, en su espalda también se ven unas extrañas lineas negras dentro del tejido y que van hasta la cadera de la niña. El hombre y la mujer se miran y ambos asienten con la cabeza; ella se dirige hasta la mesa que hay junto a la cama y vierte un polvo en un vaso con agua, se lo pasa a la niña para que lo beba pero Ana se resiste replegándose en la cabecera de la cama cubriéndose con la cobija, la señora la destapa y logra convencerla para que se tome la infusión diciéndole que le servirá para bajar la fiebre que aún tiene además de ayudarle en la herida que crece en su espalda. Ana toma todo el contenido del vaso y casi al instante empieza a convulsionar, de su boca sale espuma, el hombre y su esposa la toman de los brazos rasgando parte de su ropa dejando al descubierto el pecho y parte de su vientre, de su abdomen surgen unas extrañas lineas azules que se extienden a lo largo de su tronco y se unen en el cuello, luego llegan a su cara y se meten entre las pupilas dejando sus ojos completamente negros, la niña grita fuertemente pero las personas la someten mientras el hombre pone el libro sobre la mesa y en una de sus páginas empieza a recitar unas palabras en una lengua extraña, esto irrita la presencia que parece dominar los impulsos de Ana quien se retuerce ante cada verso pronunciado. El hombre saca un pequeño frasco con agua de su bolsillo y empieza a rociar el cuerpo de Ana pero este líquido al contacto con su piel expele u humo negro que se esparce en toda la habitación, aumentando la presión en el ambiente y despertando un extraño olor que penetra en cada rincón. Ana logra soltarse de la mujer y con un solo empujón la arroja contra la pared dejándola inconsciente, el hombre intenta huir pero ella toma un cuchillo que este trae sujeto a su cintura y de un tajo corta profundamente su cuello disparando chorros de sangre mientras su vida se esfuma antes de caer al suelo. La mujer recobra el sentido pero antes de que logre percatarse de la muerte de su esposo Ana la toma por el cuello y la penetra con sus uñas hasta que los dedos traspasan su maxilar, la mujer intenta gritar pero antes de que esto suceda Ana la golpea en el pecho con la otra mano introduciéndola casi por completo y cortando su corazón en pedazos lo cual le provocó la muerte inmediatamente. 
Ana se pone de pie y mira a su alrededor, toma el libro que está sobre la mesa, lo cierra y sale de la habitación; recorre el pasillo que da a la cocina y se detiene al momento de observar la chimenea en el extremo derecho donde queda la sala, se acerca hasta ese lugar y arroja el libro al fuego mientras este se consume casi por completo. En ese mismo momento se abre una de las puertas que están a un lado de la sala y salen dos jóvenes, uno más grande que el otro, ambos se asombran con la presencia de Ana, el mayor le pregunta por sus padres pero ella no contesta, él la mira llena de sangre pero no dice nada para no asustar a su hermano más pequeño, lo toma por los hombros y se dirigen hasta la cocina, el niño está muerto de miedo y tan solo espera que ella los ataque por la espalda, era necesario intentar huir y justo en la cocina queda una puerta por donde podrían escapar. Tan pronto llegan a la cocina, el niño más grande llevaba a su hermano delante de él, pero llevaba los ojos cerrados para no darse cuenta cuando Ana se acercara para matarlos, en todo caso el prefería morir primero que su hermanito. El trayecto de la sala a la cocina fue eterno y lleno de terror, cuando ambos estuvieron en la cocina el joven condujo a su hermano hasta la puerta y la abrió pero antes de salir miró hacia atrás y escuchó como la puerta de enfrente se azotaba fuertemente, se detuvo pero sacó a su pequeño hermano de la casa, se devolvió y miró hacia la sala pero ella ya no estaba así que recorrió el pasillo unos cuantos metros más y a través de la ventana logró ver a Ana perderse entre los árboles y la nieve.
Ana dejó la casa y se dirigió hacia el bosque rápidamente ignorando el frío y el inclemente estado del tiempo que le impediría desplazarse hacia cualquier lugar al que deseara llegar, no se lograba ver más allá de dos metros por delante, frente a ella estaba la cueva donde había acampado después de dejar el orfanato. Mientras camina recuerda la pesadilla que había tenido unas horas antes, la extraña presencia que aun la domina no la deja continuar. Ana se detiene y mira hacia atrás, desea regresar...

Hector Ruiz-Ospina
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