Libro
Presentado en la 25ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011.

sábado, 22 de noviembre de 2014

LA PSICOLOGA (Segunda cita)

LA PSICÓLOGA
(segunda cita)




Helen era una mujer aparentemente centrada y muy inteligente, se notaba su profesionalismo en todo momento ya que pudo envolverme en un ambiente tranquilo y apacible que me produjo cierta confianza, obviamente la primera cita es más expectativa que otra cosa y fue necesario que le mintiera -primeramente- en el motivo que me tenía en ese lugar, no por miedo o desconfianza sino que de todos modos me sentiría ridículo si le dijera mis motivos reales, además de sonar infantil, estoy seguro que me hubiera tomado como un idiota.
Lo único cierto era la fijación que ella como mujer había producido en mi, sus movimientos, ademanes y la forma como me miraba me aseguraba que esa no era la primera vez que la veía, algo dentro de mi daba por sentado que en el pasado o tal vez en otra vida habíamos estado involucrados y esa opción no me desagradaba para nada, por el contrario, era un aliciente en el sentimiento que empezó a florecer desde aquel día y que se acrecentaba con cada momento en que ella llegaba a mi cabeza. Además de esto, era evidente que a pesar de mis sentimientos, era poco sensato soltárselos a la primera y que esto diera por terminada nuestra relación en las circunstancias en las que se dieron o peor aún, que ella no compartiera mis sentimientos y me rechazara sin siquiera pensarlo; cabe resaltar que no sabía nada de ella y también existía la probabilidad de que fuera una mujer comprometida o con una familia ya formada. Sea cual fuera la situación yo estaba en desventaja y no quería perder la oportunidad de estar cerca de ella, al fin y al cabo, en las citas venideras podría intentar saber un poco más sobre su vida y descubrir si lo que nacía en mi era verdadero amor o un simple impacto momentáneo que se disolvería con el correr de los días siguientes.

Esa siguiente semana, posterior a la cita, inicié en la empresa mi nueva etapa profesional la cual no fue del todo fácil, pues era un campo nuevo para mi y el acople total se iría dando a medida que me integrara totalmente con mis compañeros de trabajo y todo lo concerniente a mi cargo, el ambiente era agradable y con el apoyo de todos fui enrutandome fácilmente con la visión y misión de la empresa en el mercado de proveedores de servicios. Al principio estuve en blanco y me sentí inseguro a la hora de actuar pero todo esto se fue disipando mientras iba entendiendo lo que involucraba cada proceso; a pesar de la presión que imponía en mi mente mi nuevo trabajo, Helen llegaba a mis pensamientos a menudo y comiéndome el lapicero a pedazos dejaba que mi cerebro divagara y jugara con su recuerdo mientras regresaba a mis zapatos y seguía con mis funciones laborales. Ya estábamos finalizando la semana de trabajo (mi primera semana en la empresa) y esto significaba que pronto vería a Helen de nuevo lo cual me llenaba de emoción y hasta me hacía planear la manera de llamar su atención y poder escudriñar un poco en su vida personal lo cual iba a ser muy difícil puesto que, era poco probable que una relación entre nosotros funcionara más allá de la que ya teníamos y que involucraba únicamente aspectos profesionales, ella en su escritorio tratando de ayudarme psicológicamente y yo sentado en el diván como un tonto dándole información que ella usaría para establecer el epicentro de mi estupidez, al fin de cuentas la que me desnudaría en todo momento sería ella mientras yo de su parte no obtendría ni la más mínima información, de todos modos ya deseaba verla y contaba las horas, los minutos y los segundos que me separaban de estar sentado allí en la oficina de su consultorio disfrutando en silencio de su compañía.

Asistí a mi segunda cita de viernes y minutos antes de la hora ya estaba en la sala de espera mientras la secretaria me daba una taza de café que alteró mi nerviosismo, de hecho estaba nervioso desde el momento en que me vestía para acudir a la consulta pero el deseo de verla una vez más se antepuso a cualquier muestra de inseguridad. La chica me hizo pasar al consultorio y me acomodó no sin antes advertirme que la doctora ya venía en camino y que posiblemente debía esperar un poco más ya que el tráfico en la ciudad se había tornado pesado, pero que de todos modos no había olvidado la cita y no quería que su tardanza causara incomodidad en mi. Yo me senté como lo hice la primera vez y ya que me encontré solo mire sobre su escritorio por si habían fotografías de ella o de pronto algo que me revelara su status pero tan solo pude ver unas cuantas figuras abstractas que adornaban las esquinas de su escritorio y que no me brindaban ninguna señal fehaciente sobre si era soltera o no, igualmente, en la pared tan solo habían títulos  que ha cosechado a lo largo de su carrera y que la hacen ver como una mujer muy inteligente y profesional que se esfuerza por estar a la vanguardia en todo lo que tenga que ver con su carrera.

-Oh, Samuel, disculpa mi demora, la autopista estaba muy saturada, pensé que no llegaría a tiempo- Su voz después de cerrar la puerta me tomó por sorpresa y el escuchar mi nombre de su boca hizo que casi me tragara la lengua.
-No te preocupes Helen, su secretaria ya me había informado sobre la situación- Ella se acercó a mí y estiró su mano para saludarme, la mía estaba helada pero aún así estreché la suya y en el mismo momento su perfume de jazmín penetro mi nariz y llegó hasta mis huesos, el movimiento de su cabello y la disimulada sonrisa detuvo mi corazón y sentí un calor que me subió desde los tobillos hasta mi cabeza. Ella pasó por un lado, dejó su bolsa colgada en el espaldar de su silla y se sentó mientras encendía la computadora.
-Tengo entendido que esta semana inició en su nuevo trabajo, cómo ha sido esa experiencia?- aún la terapia no daba inicio y mientras reunía mi expediente y lo que trabajaríamos ese día fue un buen motivo para romper el hielo y ser cordiales, creo yo.
-Bueno si, no... mmm... esta semana ha sido algo estresada, pero vamos acoplándonos sobre la marcha- no esperaba una introducción como esta y me encontraba desarmado aún así pensé que ese momento era propicio para sacarle algo de información -Y tu Helen... ¿has tenido mucho trabajo supongo... tal vez no solo aquí sino también en tu casa con tu familia, imagino que no ha de ser fácil- mi corazón latía rápidamente y tan solo esperaba su respuesta. -Ok Samuel, recuéstate por favor, vamos a dar inicio con nuestra segunda entrevista- Sus palabras fueron un balde de agua helada que caía por la espalda y me sentí como un tonto, tal vez el planteamiento de mi pregunta fue muy obvio o tal vez a ella no le interesaba responder, como haya sido, dimos inicio con la terapia tal y como ella me lo pidió.

Su enfasis en conocer episodios de mi pasado y una que otra cosa de mi vida actual se tornó tedioso para mí y ella lo notó, por un momento pausó su cuestionario y se puso de pie, rodeo su escritorio y se paró frente a mi como la otra vez, recostada en el borde de la mesa y prosiguió con las preguntas, hubo una ocasión en que se giró y la tuve totalmente de espaldas, mis ojos la recorrieron desde su cabello hasta sus pies deteniéndome un poco en su cintura y su sutil trasero, mis ojos brillaron y la desnudaron sin tocarla, fue maravilloso para mi pero la osadía de mirarla de esa manera quedó expuesta cuando me dí cuenta de que en la ventana frente a ella, pudo ver el reflejo de todo lo que hice y aunque Helen lo notó, no hizo nada, tal vez para no dañar el ambiente que ya habíamos creado, al fin y al cabo para ella resultaría normal un tipo de actitud como el mío puesto que era consciente de que era muy atractiva y fácilmente cualquier hombre se fijaría en ella. 

La charla se extendió a lo largo de una hora pero no resultó en lo más mínimo como yo esperaba y por el contrario, fue un fiasco total en todo aspecto; tan pronto como dimos por terminada la sesión me despedí de ella y me fui de allí casi corriendo, no sin antes auto recriminarme sobre lo sucedido y la actitud tan tonta que mantuve ese día, todo el resto del día pensé en lo mismo y ya al atardecer decidí visitar uno de los bares cercanos a mi oficina, necesitaba una cerveza y olvidarme de todo lo que había pasado en mi primera semana de trabajo, además, ya daba inicio el fin de semana. 

El bar estaba lleno y me senté en la barra, la gente a mi alrededor hablaba, otros fumaban y otros tantos bailaban las canciones country o soft rock que tocaba un grupo al fondo del lugar. Al cabo de no se cuantas cervezas escuché una voz que me resultó familiar y que se acercaba por mi lado izquierdo, era una mujer y hablaba con alguien; al pasar por detrás de donde yo estaba sentado sentí un agradable olor a jazmín que me recordó a Helen, la chica se sentó a poca distancia de donde yo estaba pero no quise mirar. Escuché de nuevo esa voz y una fuerte risa proveniente de la misma persona y fue inevitable que no volteara y me encontré con la mujer más hermosa del mundo que yo pensaba y no tenía vida social, allí frente a mi estaba Helen sentada y a su alrededor habían otras personas que venían con ella; mi corazón una vez más empezó a latir y las cervezas en mi cabeza me instaban a abordarla y saludarla, allí no era su territorio y no existía la barrera que nos separaba en su consultorio. Con todos estos argumentos bombardeando mi cabeza me levanté de la silla, me tomé la cerveza casi de un sorbo y mientras el grupo tocaba la canción Hotel California, me dirigí hacia ella dispuesto a todo. Mis pasos se frenaron abruptamente cuando uno de los hombres que departían con el grupo se colgó en su cuello y la besó cerca de la oreja. Yo quedé petrificado a unos cuantos metros de Helen... 


Hector Ruiz-Ospina
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domingo, 9 de noviembre de 2014

LA PSICOLOGA (primera cita)

LA PSICOLOGA
(primera cita)




A veces pienso que en realidad no era yo el que necesitaba ayuda sino -más bien- era ella la que gritaba por una descarga de mi propia locura. 
Mi vida nunca fue totalmente satisfactoria en ningún aspecto tanto social como personal, era un completo fiasco, no me interesaba nada y todo lo que giraba en torno a mi me tenía sin cuidado; por un lado mantenía la carga de mi familia que nunca perdía oportunidad para reprochar mi estilo de vida, me acusaban de extraño, loco e indolente. Por otro lado estaba la personalidad que despertaba cuando me encontraba con mis amigos o en los lugares que usualmente frecuentaba; bares, rock, cerveza y algo de hierba. Además de esos dos hombres que habitaban mi cabeza, era innegable la esencia pura que dominaba mi ser y de la que nunca podía escapar, porque al lugar que fuera o donde me escondiera, siempre llegaba a mi en la soledad de mi cuarto o justo antes de dormir, frente a ella quedaba sin mascara, desnudo totalmente entre mis defectos que superaban mis virtudes y con mis sueños y proyectos aún guardados en mi cartera esperando ser descubiertos.

Poco después de mis 20 ya el dinero se hizo necesario a la hora de pretender obtener un alcance mayor en mi agitada vida y en cierto modo, en todo lo que a mis gustos se refería, pues el hotel "Mamá" se estaba convirtiendo en algo tedioso y el dinero que obtenía de mis padres cada vez era más limitado. Muchas veces con el apoyo de mi padre tuve la oportunidad de entrevista en algunas compañías de la ciudad, tal vez por pura naturalidad siempre la cagaba y el perfil que mostraba nunca estuvo acorde con las necesidades que solicitaban, optando éstas por hacer sus anotaciones en mi curriculum y despedirme con un "luego lo llamamos" que ya era normal escuchar, a veces pienso que no me daban una patada en el culo por respeto a mi padre. Yo, por mi parte, estaba seguro de que él estaba decepcionado de mi y aunque suene absurdo, lo entendía, pienso que era demasiado obvio sentir algo así y aunque yo me daba cuenta de lo que pasaba, también sabía que no en vano el ejemplo de mi padre me ayudaría en el futuro; es por eso que entrando a los 25 empecé a mostrar realmente de lo que era capaz dejando atrás, sin miramientos, al hombre vacío y sin aspiraciones que solía ser.

Poco después de auto evaluarme, renovar mi guarda ropa, afeitarme la barba y lucir un poco más centrado, empecé en la búsqueda de un empleo -en primera medida- acorde a mis deseos si fuera posible, no obstante y poco después de haber iniciado el camino pude llamar la atención de una agencia de publicidad que se encargaba del marketing de unas cuantas empresas en ascenso y otras más ya consolidadas en el mercado nacional y extranjero, yo estaba seguro de que allí podría darle rienda suelta a mi mente creativa y sospechaba que también encontraría la estabilidad que tanto anhelaba, además de la madurez que aun necesitaba para consagrarme como un verdadero hombre y en el futuro tener el criterio y los valores necesarios para formar una familia igual que en la que crecí. Todo esto sonaba maravilloso y pienso que intentaba borrar de tajo todo lo que me definía como adulto y que venía haciendo por mucho tiempo, como compartir con mis amigos, ir al bar, el rock y la hierba, de antemano sabía que todo proceso costaba tiempo y sacrificio pero necesitaba, debía tener presente que en mi nuevo trabajo cualquier tipo de inmadurez o falta de profesionalismo me costaría no solo el puesto, sino una mala referencia en el futuro en caso de necesitarla, es por eso que acepté que necesitaba ayuda profesional en la consecución de mi estabilidad emocional y todo aquello referente a la superación de mi crisis existencial o simplemente, necesitaba la ayuda de un profesional en psicología que me orientara en esta nueva etapa. Cuando la decisión estaba tomada empecé en la búsqueda de un consultorio para iniciar con las terapias o lo que se requiriera en este aspecto, entonces tomé el directorio y vi que no eran muchos los profesionales en mi ciudad con esta especialización, elegí un número de consultorio y levanté el teléfono para hacer una cita lo más pronto como fuera posible y pude conseguirla a la mañana siguiente, yo entraba a trabajar a la siguiente semana y me resultaba perfecto dar inicio con el proceso previo a mi ingreso a la agencia. Esa tarde afiné unos cuantos detalles que aún tenía programados y ya en la noche fui al bar para relajarme y tomarme unas cuantas cervezas, de regreso a casa y antes de acostarme fui a la azotea y después de contemplar el cielo estrellado me fumé el ultimo cigarrito para darle paso al nuevo hombre que estaba naciendo.

Antes de las 9 de la mañana ya me encontraba sentado en uno de los asientos del consultorio esperando a ser atendido y por mi cabeza pasaban infinidad de cosas: Tal vez el psicólogo era un hombre viejo con barba hasta el pecho, excéntrico a más no poder y que me trataría como a uno de tantos locos que a diario le han de llegar; tal vez era una mujer, con una falda roja hasta el suelo, sin maquillaje porque no le queda tiempo de hacerlo, y a lo mejor despeinada, era lógico pensar que este tipo de personas tienen tanto en la cabeza que no se preocupan por su aspecto, de todos modos ya estaba allí y por primera vez experimentaría esa situación. No pasó mucho tiempo de espera y la secretaria me informó que ya podía pasar y me condujo hasta el lugar, abrió la puerta y me indicó donde debía sentarme, yo seguí sus instrucciones y tan pronto me recosté en un sillón frente a un escritorio ella cerró la puerta y regresó a la recepción. La oficina no tenía mucha iluminación pero se sentía una suave fragancia que irradiaba paz, yo miraba a mi alrededor y no veía al doctor, el escritorio estaba frente a mi y la silla con largo espaldar estaba volteada en dirección a la ventana, suspiré y me acomodé mejor en el sillón.

-Relajese señor Spencer, si desea quítese los zapatos y recuéstese bien- La voz delicada de mujer provenía de la silla frente a mi.  Ella giró un poco dejándome ver su silueta sentada mientras observaba un folder que descansaba en su regazo. -Así estoy bien gracias, es primera vez que vengo a este lugar- estaba nervioso y ella no se inmutó con mi respuesta, -Necesito que se recueste en el diván y descanse su cabeza cómodamente para dar inicio con el proceso- Ella enfatizó en su pedido y después de esto giró totalmente quedando frente a mí, de inmediato mis ojos se abrieron como lince al acecho y era obvio, pues esa mujer era totalmente hermosa, totalmente opuesta a mi idea inicial, esto ocasionó que mi corazón se acelerara y me convirtiera una vez más en un niño tonto. Ella fijó su mirada un momento en mi y después de hacerlo bajó su cabeza hacia los documentos para continuar leyendo. -Entonces... señor Spencer...- Yo estaba con la boca abierta y mis ojos perdidos en los suyos que aunque no me miraba en ese instante, yo no apartaba mi vista de ella.
-Mi nombre es Helen Picket, soy Psicoanalista desde hace cinco años y estaré con usted a lo largo de este proceso- Su mirada penetraba mi mente y la frecuencia de sus palabras golpeteaban en mi cerebro y se anidaban en mi cuello produciendo un nudo en mi garganta. -Mucho gusto mi nombre es Samuel Spencer- traté de que mi voz no se quebrara pero fue inevitable que esa primera vez ella no notara mi nerviosismo; ella dio dos pasos quedando entre el escritorio y yo, dejó la carpeta junto con otros papeles, cruzó sus piernas y se apoyó de espaldas al escritorio, en ese momento pude verla completamente, no me quedaba duda de que ella era la mujer más atractiva que jamas había visto en mi vida y fue inevitable que no mirara sus piernas hasta el doblez de la falda que llegaba poco más arriba de sus rodillas.
-Digame señor Spencer ¿porqué está aquí?-...


Hector Ruiz-Ospina
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