Libro
Presentado en la 25ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011.

martes, 31 de marzo de 2015








Los Angeles CineFest 2015 Official Selection 

Hector Ruiz and Endless Inspiration production

THE SEARCH by Hector Ruiz

Cast:
Hector Ruiz
Izabel Medher
Valentina Rigolett Ruiz
Felipe Medina
Javier Acevedo
Matthew Mason 

"In a world without hope... die is the only way out"

Short Film 

none of this have been possible without the inconditional support of my family and friends, thank you every one for beign part of my madness. This is ours fellas!!!

http://lacinefest.weebly.com/march.html

lunes, 23 de marzo de 2015

EL CALLEJÓN DE LA LUJURIA III

EL CALLEJÓN DE LA LUJURIA
III




La noche estaba fría, 39 o tal vez 40° Farenheit; el vapor de humo salía con cada exhalación y se elevaba, perdiéndose a unos cuantos centímetros delante de ella; titiritaba mientras sus rodillas chocaban entre sí y sus dientes, producían eco por el chasquido de mandíbula al compás de sus espasmos. Los pezones erguidos, levantaban la blanca seda que se abría descubriendo parte de su pecho con el viento delicado que no dejaba de soplar. El hombre la llamaba sin hablar; su cara se mantuvo en la penumbra y tan solo sus ojos que brillaban como el fuego abrazador, mostraba su silueta que se perdía en la distancia, en medio de la densa niebla. Desde allí, mantenía doblegada totalmente a Susan quien estaba ya inducida en un letargo inconsciente, el cual le impedía tan siquiera darse cuenta donde estaba. El hombre alzó la mano invitándola a seguirlo y entonces ella caminó dos pasos hasta el borde de la azotea; Susan levantó igualmente su mano y con la otra, se apoyó en el marco de la ventana; todo estaba decidido, ella daría el paso inevitablemente como si delante de ella existiera un puente invisible que, la acercaría al hombre que dominaba sus impulsos; era como si creyera fielmente en que, éste la sostendría entre sus manos y no la dejaría caer. 

Era poco más de la media noche; Susan temblaba de frío mientras sostenía entre sus manos una taza caliente de café, sus dientes chocaban una y otra vez pero ella estaba totalmente sumida en un estado de inconsciencia; su cabello despeinado y su ropa un tanto ajada, daban la impresión de haber sufrido algún percance no fatal que -muy posiblemente- era lo que la mantenía en aquella situación. Permanecía sin sentido en un local de la esquina que queda a pocas cuadras de su casa; había poca gente y nadie había notado su presencia. El joven que la atendió fue el único que se dio cuenta que, algo no andaba bien con la chica, obviamente, él no dijo nada ya que era muy normal que a esa hora se acercaran prostitutas, traficantes y uno que otro transeúnte nocturno que parara en aquel lugar a tomar, ya fuera una copa de whisky, un vodka o solamente un café.

“Una mano fuerte levantaba una de sus piernas, llevándola casi hasta su cintura y un fuerte olor a sándalo, penetraba hacia su cuerpo mientras la falda daba paso a aquel hombre para que, sedujera su cadera y penetrara entre su piel y su alma.”

Susan recordaba este episodio en su cabeza y su piel se erizó al instante; de inmediato, sintió una extraña excitación  y tuvo que llevar su mano entre sus piernas, cerrándolas con fuerza para no gritar. Ella era presa de aquel hombre misterioso, quien la sometía con la humedad de su lengua bajando hasta sus pechos y devorando su pudor con el brillo de sus ojos.

“Allí esta ella, entre la pared y el pecho ardiente del incubo perfecto quien le clava su lujuria en caricias infatigables de pasión y deseo; la boca en su nuca le hace exhalar gemidos que se funden en la soledad de aquel lugar. Sus manos se entrelazan entre el torso y las caderas de aquel hombre, a quien trata de adherir a su figura empujando sus nalgas contra sí; en un intento de meterlo entre sus poros hasta lo más profundo de su alma, de su ser...”

Susan regresó nuevamente de sus pensamientos y miró a su alrededor; creía que su estado la había dejado en evidencia con las demás personas, pero no fue así; ella sabía de antemano que una fuerza desconocida poseía su cordura y continuaba haciéndolo mientras ella estaba allí sentada; Susan sabía, además, que la presencia de aquel hombre aún se mantenía en el olor que ella todavía percibía en su nariz.

“Piel contra piel resbalaba entre sudor y olor; entre clímax y oscuridad. Ella gozaba aquel momento mientras él se preocupaba por amarla, por vivir un momento único en sus vidas o tal vez, por evolucionar en un plano en el que alcancen a los dioses o tal vez; en el lugar en el que el amor se vuelve un niño ingenuo e ignorante. Ambos fluyen en torrentes sucesivos de orgasmos y jadeos clandestinos que, se esfuman sin dar tregua a los amantes, y a las horas que fulminan el mágico momento en plena luna llena...”

La chica no se explicaba la naturaleza de esas sensaciones. Tampoco, el hecho de esos pensamientos a manera de recuerdos que la invadían todo el tiempo; también ignoraba lo que sucedió, exactamente en el tiempo que transcurrió desde que estaba asomada en la ventana, hasta el momento en el que despertó de su inconsciencia en el bar.

“El hombre se aferraba a su cabello, devorando cada muestra de su olor; ella, en cambio, temblaba entre sus brazos sin querer dejarlo ir; sus uñas penetraban la piel de su hombre-amante y la tibia sangre que brotaba, se evaporaba al instante. Él entraba nuevamente por su oído, en frecuencias exactas de dolor y seducción que, recorrían su cabeza hasta sus pies a través de su espina dorsal; ella flotaba en el aire mientras él la recorría, de los senos a su estómago en un solo palpitar. Los vellos de su pelvis se erizaban, mientras él mezclaba el llanto y la sal de su sudor; entre miel y orgasmos de su cuerpo, trasfundidos al contacto con su lengua...”

Susan volvió en sí, estaba acelerada; sus caderas aún se movían al compás del recuerdo de aquel hombre misterioso en su cabeza; sus piernas aun temblaban y la humedad se hizo presente en su panty, con el frío que se colaba por la puerta. El olor a sándalo, en ese exacto momento fue más evidente; ella busca desesperada a su alrededor sin poder establecer el lugar de donde provenía aquel aroma. La puerta de acceso al café se azotó fuertemente, alguien salió rápidamente. Susan fijó su mirada con alguien a través del cristal, era el hombre que acababa de salir; era el mismo que ya vivía en su inconsciente, el que ya poseía sus deseos más absurdos. Ninguno parpadeó; su corazón se aceleró, se levantó y caminó hacia él…

Hector Ruiz-Ospina
Derechos Reservados©

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