Libro
Presentado en la 25ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011.

viernes, 10 de julio de 2015

ANDY (AMANTE INMORTAL)

ANDY
(AMANTE INMORTAL)




... Sentados, a mitad de camino en la escalera que conducía al segundo piso; allí estaba Luke, quien sujetaba la delgada cintura de Andy mientras ésta, lo quemaba con una mirada que irradiaba lujuria y pasión. El destello de los relámpagos se colaba a través de las cortinas a merced del aire que golpeaba sin piedad toda la casa. Andy estaba dispuesta a disfrutar aquel momento como nunca antes, deseaba aferrarse hasta morir a aquella "casualidad" que el destino le había traído en medio de la tormenta; sentía como si ya lo conociera de tiempo atrás y en ese momento se dispusiera a recuperar todo el tiempo que habían estado separados, su corazón acelerado y su piel erizada se acoplaba a aquel hombre, como si de un solo cuerpo se tratara. Ambos estaban dispuestos a morir esa extraña noche; haciendo el amor hasta su último respiro, entregando todo hasta el final. Andy lo esperaba, toda su vida lo esperó y en ese mismo momento, envuelta entre el más puro sentimiento, regala a Luke su último respiro, su último beso, el último palpitar.


10 horas antes:

La tormenta que azotaba sin piedad aquella noche, obligo a Luke a bajar de su carro, teniendo que dejarlo abandonado en un lugar desconocido;  ya casi consumido por el caudal de agua que hacía ver la carretera como un río salvaje y sin final. 
Totalmente empapado y en medio de la nada, decidió correr en busca de un lugar alto; unos cuantos metros delante de él se encontró con un sendero rodeado de árboles y optó por permanecer allí hasta que el nuevo día llegara. Todo el lugar resultaba un misterio para Luke quien ya mostraba indicios de hipotermia; debía encontrar un lugar seco lo antes posible o de lo contrario, era muy probable que no sobreviviera. Aunque Luke ya había recorrido ese lugar con anterioridad, todo le resultaba nuevo y desconocido esa noche, por un momento pensó que había tomado un camino equivocado, lo cual lo hizo desviarse de su ruta sin darse cuenta. Todo el terreno se miraba desierto y ni la más mínima presencia de casas al rededor donde pudiera acudir por ayuda. La noche se convirtió en una carrera a contra reloj por sobrevivir, en medio del más brutal e incesante clima que amenazaba con arrebatar su propia vida.

Luke no estaba dispuesto a darse por vencido y continuó corriendo sin parar; él pensaba que si lo hacía, podría mantener su cuerpo caliente mientras la lluvia paraba pero, a medida que pasaban los minutos, todo parecía ir peor.

Pasaron alrededor de tres horas hasta que, Luke alcanzó a ver, a lo lejos, una tenue y casi imperceptible luz que daba la impresión de ser una casa en medio de la nada; sin dudarlo se dirigió hasta allí y –como si se tratase del cielo- golpeo desesperado sin obtener respuesta alguna. De pronto, alguien pareció recorrer unos pasos desde adentro y que se detuvieron justo detrás de la puerta, Luke se emocionó pensando que la puerta se abriría pero no fue así; por el contrario, el rostro de una mujer anciana pudo reconocer detrás de la cortina que cubría el vidrio en la parte superior de la puerta, los ojos de la mujer parecieron brillar cuando se acercó hasta el cristal para investigar cuantas personas estaban afuera de la casa. Luke se impresionó con aquel rostro e intentó retroceder, pero se detuvo en el momento en que una voz le preguntó acerca de lo que allí buscaba. Después de una corta explicación, la puerta se abrió y la anciana mujer –con un gesto- le invitó a pasar; ya estando adentro, le ofreció unas cuantas mantas y una botella de whisky que extrajo de un baúl viejo y lleno de telarañas que había en un extremo de la sala. La casa lucía descuidada y su decoración –además de ser un tanto extraña- daba la impresión de ser antigua. Luke aceptó el ofrecimiento sin ningún problema y tomo un tragó que lo calentó de inmediato; la anciana tenía entre 75 y 80 años –tal vez un poco más- estaba un poco encorvada pero no usaba bastón; su cabello era blanco, enmarañado, le tapaba parte de la cara y sus manos eran extremadamente delgadas, casi cadavéricas; además, las uñas pareciera que no las había cortado en varios meses. Extrañamente sus ojos (o lo que se alcanzaba a ver detrás del cabello que cubría la cara) no parecían haber envejecido con ella, sino que por el contrario, expresaban vida y brillo como los de una mujer en su juventud. De todos modos, la anciana habló muy poco con Luke; le ofreció un sillón que había en la sala en donde podría dormir por aquella noche pero, le advirtió que, si osaba subir las escaleras o intentara llegar hasta su habitación, lo haría volar por los aires con una escopeta que mantenía junto a su cama todo el tiempo, la cual no dudaría en usar si fuera necesario. Luke sonrió y le dejó claro que, tan pronto amaneciera se marcharía, no sin antes agradecerle su hospitalidad. Dicho esto, la mujer subió por las escaleras mientras Luke volteó para servirse otro trago de whisky, ya para cuando éste giró de nuevo, la mujer ya había desaparecido.
Un trago más antes de dormitar en el sofá fue necesario para que Luke pensara sobre lo que haría a la mañana siguiente, en caso de que su carro haya sido arrastrado por la corriente; caminó hasta la ventana y miró a través del cristal pero la lluvia arreciaba como vendaval. De repente, una voz de mujer se escuchó desde el segundo piso, Luke volteó rápidamente; parada en el barandal estaba una mujer joven, llevaba un vestido rojo y miraba al hombre desde allí; aparentaba tener unos 25 años y una belleza sutil, era hermosa. Luke estaba petrificado y no pudo hablar siquiera; ambos cruzaron la mirada y él sintió como si un encanto lo tomara sin control. El vaso resbaló de su mano y esto fue lo que lo sacó del trance; intentó preguntarle a la chica quien era ella pero tartamudeó, quiso subir de inmediato por la escalera pero resbaló y cayó al suelo. Antes de que este pusiera un pie en los escalones la joven le advirtió que su abuela dormía en la habitación y que si él subía, ella lo lastimaría.
Luke aún estaba mareado por el efecto del whisky y el golpe que se dio en la caída; cuando por fin logró incorporarse y volteó hacia la escalera, la anciana ya estaba frente a él, retrocedió dos pasos y cayó sentado en el sillón; no entendía como ella había bajado los escalones tan rápido y quiso saber quién era la otra mujer que había visto en el segundo piso, la anciana no respondió y Luke sintió miedo; pensó que tal vez la anciana mantenía cautiva a la mujer que había visto minutos antes; así que, se puso de pie aun tambaleándose y se apresuró a la escalera mientras la anciana le decía que no lo hiciera. Después de subir el último escalón sintió debilidad en su cuerpo, se detuvo y vio su imagen reflejada en un espejo que había en el pasillo frente a él, esta le mostró un cuerpo viejo y decrepito. Levantó sus manos y tocó su cara, su aspecto había cambiado como por arte de magia y su apariencia era la de un hombre de más de 70 años de edad, no lo podía creer, estaba al borde de la locura y se desvaneció. Tirado en el suelo, vio como la anciana subía las escaleras y a medida que avanzaba se hacía más joven; Luke estaba en shock; más aún, cuando la anciana se fue transformando en la joven que él había visto antes; ella se acercó a él y lo tomó por el brazo para llevarlo de regreso abajo, una vez allí, el recobró su fuerza y ella su vejez.

Luke no sabía cuánto tiempo había pasado y su cabeza aún daba vueltas; desde el segundo piso la mujer dijo llamarse Andy, no paraba de mirarlo, pareciera como si Luke fuera el amor de su vida. Por primera vez, hablaron sin parar; él se enamoró en ese mismo instante de ella, en su interior sintió una sensación pura, de amor; era como si hubiera salido de una amnesia en donde Andy recobraba su propia vida. Ambos llegaron a la mitad del camino de las escaleras y en medio de esa realidad su piel se fundió en una sola piel.
Lágrimas, sudor y pasión inundaban el corto espacio en las escaleras; los relámpagos dejaban ver sus espinas dorsales en completo movimiento, ambos, presas del deseo insaciable e irracional. Andy gemía sin control mientras sus uñas se clavaban en la espalda de Luke, sangraba pero no había dolor; éste se aferraba a la suavidad se sus pechos que se endurecían al contacto con su lengua. Los fluidos viajaban en ambos cuerpos, la humedad tocaba el suelo y el orgasmo mutuo selló por completo el destino que estaba a punto de llegar.
Luke tiene entre sus brazos el cuerpo inerte de Andy, ella acaba de entregarle el regalo más sublime que estuvo guardando toda la vida para él; la desesperación era total, Luke grita desesperado mientras las lágrimas brotan a borbollones,  no está dispuesto a dejarla morir. Como puede, se pone de pie y sube los pocos escalones que le separan del segundo piso, él intuye que en la habitación de Andy debe haber algo que le permita traerla de nuevo a la vida; antes de llegar a la puerta de la habitación se debilita pero esto no le importó, abrió la puerta y al fondo de la habitación una luz centelleaba como el zafiro, Luke entró al cuarto y a pocos pasos de la luz cayó al suelo ya sin fuerzas; sus ojos alcanzaron a ver como el cuerpo de Andy se transformó en una bebe que tan solo gateaba y se acercó a él. Con una sonrisa en su rostro, Luke le entregó a Andy el mejor regalo de su vida.




Hector Ruiz-Ospina
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