Libro
Presentado en la 25ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011.

lunes, 31 de agosto de 2015

EN EL BAR, 8:40PM

EN EL BAR
8:40PM




     Ya pasaban las 3 de la tarde y Jimmy estaba sentado en la barra del bar que, a menudo visitaba; siempre solitario y bohemio, sumido en sus propios pensamientos y acompañado de una mezcla entre Beatles, Rolling Stones y uno que otro Glam Rock. Este bar, en especial, era el que normalmente frecuentaba ya que no era muy grande y al que acudía casi siempre la misma gente; el cantinero, como el muchacho que llevaba las bebidas y hasta el de la música ya le conocían, pues era muy frecuente su presencia en aquel bar.
Era un miércoles caluroso, especial para beber cerveza hasta el anochecer; Jimmy no tendría que trabajar al siguiente día lo cual le daba cierta tranquilidad y especialmente, esa noche pasaría allí más tiempo que de costumbre. A su alrededor, tan solo habían dos mesas ocupadas, no se reconocían las parejas claramente puesto que el sol ya se ocultaba atrás de los edificios amontonados en el centro de la ciudad. 
     De regreso del baño, Jimmy se percató de la presencia de dos mujeres en una mesa justo enfrente a la barra donde él estaba sentado, pasó cerca de ellas y aspiró el rico perfume femenino que le llegó bien adentro de los pulmones, estas no lo tonaron tan siquiera y continuaron con su charla mientras el mesero les tomaba su orden. Sentado nuevamente en su lugar, Jimmy levanta la botella y da un sorbo a la cerveza mientras cruza una mirada con una de las chicas que acababan de llegar, ella pareció no interesarle y regresó su cabeza pero, intempestivamente volvió la mirada hasta donde él estaba y con un gesto un tanto coqueto, le dio a entender que, o ya lo había visto antes en algún lugar o simplemente hubo algo en él que le atrajo en ese momento. A pesar de lo ocurrido y después de que la chica continuó hablando con su amiga como si nada hubiera pasado, levantó de nuevo la cerveza y tomó otro trago, pensaba que aquello había sido algo normal, intrascendente; o bueno, eso era lo que él creía.

     Ya el reloj marcaba las ocho de la noche, tiempo en el cual las mujeres se pusieron de pie como si se dispusieran a dejar el lugar, la otra chica baja los dos o tres escalones que la acercan a la salida del bar y con un ademán de despedida, le da un beso en la mejilla a su amiga y sale por la puerta. La que sutilmente coqueteo con Jimmy fue la que se quedó, pero antes de regresar a la mesa, se dirigió hasta el tocador de mujeres perdiéndose en la penumbra anterior al pasillo en donde estos estaban. Pasaron, tal vez, cinco minutos hasta que su silueta apareció de entre las sombras; se paró justo al lado de donde Jimmy estaba sentado, posó los codos en la barra y sacudió su cabello mirándolo de reojo y le pidió una cerveza al cantinero; se acercó un poco más y sacó un cigarro, sensualmente lo sostuvo entre sus labios mientras Jimmy, en medio de su torpeza, intento darle fuego dejando caer su encendedor. La chica sonríe y acaricia la mano de jimmy al momento de que éste al fin logró encender su cigarrillo, le agradeció por su amable gesto y lo impregno del humo que salía de su boca; luego, tomó la cerveza y se dirigió hasta una mesa diferente a la que estaba con su amiga, allí había una mezcla perfecta entre oscuridad y luz, lo cual le daba un toque de sensualidad y locura perfectos para el momento.

     De repente, la mujer lanzó una mirada atrevida a Jimmy quien ni siquiera parpadeó, su corazón se aceleró; ella cruzó las piernas de manera que, gran parte de su piel quedara expuesta y a la vista de él, luego, descaradamente le invitó a ir hasta donde ella estaba con tan solo mover sus labios. Jimmy estaba en shock y pensó, por un momento, que tanta cerveza ya lo tenía medio borracho y esto distorsionaba su propia realidad. Al principio no dio crédito a lo que vio sino hasta que, nuevamente, la chica le instó a ir hasta donde ella estaba. De inmediato, tomó la botella en su mano y recorrió la distancia que lo separaba de la mujer, una vez frente a ella, ésta le dijo que tomara asiento y le invitó a quedarse para hacerle compañía; obviamente, Jimmy no objetó nada, recorrió la silla frente a ella y se sentó.

     Andrea, dijo llamarse la mujer mientras alargó la mano hacia él como un gesto de saludo; sus ojos parecieron -para ese entonces- como si quisieran devorarlo totalmente. Jimmy, por su lado, estaba acelerado y un poco petrificado por su comportamiento pero, de todos modos, intentaba no parecer un tonto ante tales pretensiones. Tratando de pensar como manejar la situación que tenía ante sus ojos, Jimmy levanta la cerveza para darle un sorbo pero, cuando estaba a punto de pasar el líquido, siente como el pie de Andrea le sacude los testículos y se anida en su miembro. De inmediato, la espuma le salió por la nariz y soltó un borbollón de cerveza que mojó casi toda la mesa, la chica sonrió mientras el desconcertado Jimmy sucumbía ante una tos incontenible, al mismo tiempo que miraba el rostro de Andrea complacida por lo que estaba pasando. El mesero se percató de lo que allí estaba sucediendo y prontamente se acercó para limpiar, llevando consigo dos botellas más que ya Andrea había ordenado. Sin darle, tan siquiera, tiempo de reaccionar, acerca su silla hasta donde él estaba tomándole -decididamente- su miembro, en un intento de sacarlo afuera de su pantalón. Jimmy, casi instintivamente la toma por el brazo y trata de alejarla pero, en cierto modo, le agradaba, tal vez lo deseaba pero, el hecho de que hubiera gente en el bar además de los que lo atendían, le producía un cierto grado de vergüenza e hizo un esfuerzo para que la chica moderara su actitud.}

     Jimmy, ya entrado en el calor abrazador (después de que una de las parejas sentadas cerca a ellos se marchó) permitió que Andrea diera rienda suelta a su lujuria y ambos se mezclaron en un beso que duró por mucho tiempo, ambas lenguas se mezclaban entre si hasta el grado de fundirse entre saliva y sudor. La chica intentaba una y otra vez desabrochar el pantalón de Jimmy para saborear los fluidos de su miembro que, brotaban por la fina capa de jean que lo separaba de su boca. Por otro lado, él ardiente Jimmy, ya jugaba con los senos de Andrea los cuales se endurecieron al contacto con sus dedos entre la blusa y el sostén; ella, agarró su otra mano y la llevó hasta su vagina que ya mojaba su entrepierna, él pudo notar como ella lo quemaba mientras lo apretaba contra su pelvis la cual se contraía a cada roce de su clítoris. La locura fue total, Jimmy ya deseaba penetrarla y ella no paraba de sudar y gemir incontrolablemente. En un acto de lucidez, él intentó convencerla de salir, tomar el carro y conducir hasta algún motel cercano pero ella no quería, lo desarmó en un segundo diciendo que rasgara ya su ropa y la acostara allí sobre la mesa; lo que ella deseaba era sentir las embestidas que la catapultaran a un orgasmo sin igual, ella deseaba entregarlo todo en aquel bar sin importarle nada, solo sexo, duro y perpetuo.




     El cantinero pudo darse cuenta de como la mujer parecía desquiciada. Ya el reloj marcaba las 8:40 de la noche y el bar estaba a punto de cerrar, la música dejó de sonar devolviendo a la realidad a aquellos dos amantes. Jimmy se acercó hasta la barra para tratar de explicar lo que estaba sucediendo pero el cantinero no quiso escuchar, él ya lo sabía, tan solo le alargó las llaves del lugar y le dijo que podía quedarse mientras terminaba su noche de locura; al fin y al cabo, el complejo de locales donde estaba el bar cerraba dos o tres horas más tarde y esto daba tiempo para que, Jimmy satisficiera plenamente los deseos de la joven que clamaba por pasión y sexo. 
Tan pronto y como los empleados salieron, la chica arrastró a Jimmy hasta el pasillo entre besos, caricias y mucha lengua. Cuando ya estuvieron ambos en el baño, Andrea azotó la puerta fuertemente la cual se cerró de un solo golpe, bajó el pantalón de Jimmy, tomó el miembro entre sus manos y lo metió hasta su traquea como queriendo devorarlo; él, por su parte, la tomó por cabello y ambos sincronizaron movimientos por unos cuantos minutos. Después, la tomó por el brazo -era su turno- desabrochó la camisa y su lengua la recorrió desde el cuello hasta el ombligo pasando por sus senos; el diafragma evidenciaba espasmos que, desembocaron en gemidos de placer los cuales se ahogaban en el trayecto de la cadera a la vagina, culminando en manantiales de fluidos que brotaron sin cesar. Andrea sintió que era momento de sentirlo penetrando ya su cuerpo y con solo un movimiento lo consiguió, el hombre la embestía fuertemente mientras ella se aferrara a su espalda con el filo de las uñas que le desgarraban la piel lo cual no le importaba, Jimmy estaba dispuesto a soportar lo que fuera con tal de disfrutar de aquel momento. Era tanta la entrega de él y tanta la energía liberada que, al momento de ambos explotar en mil orgasmos, un chispazo en el cerebro le nubló la conciencia y éste cayó al suelo en medio de un desmayo fugaz, del cual salió tan pronto como su cabeza golpeo la baldosa dejándolo aturdido. Andrea logró ayudarlo a ponerse de pie pero, el estruendo fue tremendo, lo que provocó que el vigilante llegara hasta allí, presuntamente el bar ya había cerrado y no debía haber nadie allí. Después de unos cuantos llamados y solo hasta que lograron vestirse nuevamente abrieron la puerta; el hombre reprobó el hecho y los obligó a marcharse del lugar.

     Cuando Jimmy y Andrea estuvieron en la calle, él la invitó a pasar la noche en un Motel pero, el rostro de ella había cambiado, ni siquiera le prestó atención a sus palabras y se dirigió hasta donde estaba su carro; él la siguió y la tomó por el brazo, ella se detuvo y de una sacudida se soltó, volteó a mirarlo, lo ignoró y cuando se subió al carro, antes de arrancar le dijo: 

-ni siquiera te conozco, nunca nos hemos visto, nunca me saludes-


Hector Ruiz-Ospina
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