Libro
Presentado en la 25ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011.

jueves, 22 de octubre de 2015

THERIAULT (SEXO, LOCURA Y DEPRAVACIÓN)

THERIAULT
(SEXO, LOCURA Y DEPRAVACIÓN)




     El bebé no lloraba, ya no se movía; estaba descubierto, casi desnudo. Inerte, sobre la mesa en la que lo habían colocado, poco después de la medianoche, debido a su incesante llanto. Era imperativo que lo hicieran ya que, la revelación en sus mentes y la doctrina radical que profesaban, era inapelable.

     Pasaban las 5:30 de la mañana; el frío era inclemente y no se escuchaba el más mínimo ruido, ni en la cabaña donde Roch dormía con sus concubinas, tampoco en los demás cobertizos contiguos a este. La noche había azotado el bosque con una fuerte lluvia que, posteriormente, se convirtió en una intermitente nevada la cual duró casi hasta el amanecer. Nadie, absolutamente nadie, podía imaginar que, horas antes allí, se había llevado a cabo una de las orgías más brutales, lujuriosas y sangrientas que harían estremecer las mentes más abiertas o tal vez, se podría catalogar en una escala más alta de depravación. Las "fiestas" ya empezaban a ser periódicas en la pequeña aldea improvisada ubicada en zona boscosa de Ontario Canadá.

     A medida que Roch crecía, ya inclinaba su pensamiento hacia un ambiente un tanto religioso y rodeado de múltiples factores que, muy posiblemente, le resultaban determinantes en las ideas que florecían en su cabeza, las cuales le daban la certeza de lo que él debía hacer en este mundo, precisamente en la búsqueda de la perfección de la sociedad misma y la depuración de cada manifestación de pecado que no hacían otra cosa más que llevar a la humanidad a la destrucción. Es, en este camino, en donde Roch enfoca todo su intelecto, buscando cultivar su propia vida y tomando como base algunos textos del antiguo testamento en donde él (vehementemente) acepta la poligamia, como primera medida, la cual le permitirá procrear la nueva raza pura que se encargará de repoblar el planeta una vez este sea destruido; seguidamente, se auto proclama como la reencarnación de Moisés y por ende, el poder de la ley que sobre éste descansaba. Además, estaba convencido de que la mujer, como tal, debía sumisión al hombre y tenía que mantenerse en un nivel moral e intelectual por debajo de él. Con el tiempo, y después de ser expulsado de algunas iglesias que proclamaban diversas doctrinas, decidió fundar su propia congregación, en donde alimentó la bestia que ya se formaba a grandes pasos dentro de sí y que, gracias a su poder de convencimiento, logró una cifra considerable de adeptos con los cuales puso en práctica su propia fe. 



     
     A continuación narraré una serie de acontecimientos, los cuales tuvieron lugar -precisamente- en el ocaso de su vida como líder espiritual y que, a su vez, denotaron  con extrema crudeza, su comportamiento radical:

     Para Roch resultaba mejor pasar desapercibido ante la sociedad y todos aquellos para quienes él empezaba a resultar una amenaza; obviamente, una persona como él no era bien visto en medio de una sociedad que profesaba la moral, la ética y las costumbres religiosas arraigadas desde antaño. Incluso, las autoridades ya mostraron cierto recelo ante el dominio que Roch ejercía sobre algunos pueblerinos, quienes empezaron a proclamar las "divinidades" que él mismo les profesaba y de las cuales (según algunos de ellos) fueron testigos. No obstante, tanto los fanáticos, como el mismo Roch no representaban un peligro mayor sino más bien, la gente creía que, ellos tan solo eran un grupo de ignorantes que no tendrían futuro alguno en este mundo.




Tiempo después...

     La pequeña aldea que Roch había fundado con la ayuda de sus seguidores, los cuales ya sumaban alrededor de una veintena, sumado a las concubinas que le servían de soporte y que, además (algunas de ellas) le habían dado hijos, hacían que la comunidad se sintiera fuerte y en aumento, puesto que, Roch era, en síntesis, el padre de casi todos los bebés que nacieron desde que fueron obligados a desaparecer de los ojos de la sociedad que, cada vez más, los señalaba como fanáticos locos. El grupo trabajaba en beneficio propio; fieles creyentes en las palabras de su líder, en quien creían ciegamente y quien, a su vez, les prometía el nuevo mundo que ellos mismos estaban destinados a procrear, siendo únicamente ellos los elegidos para dicha tarea. La sumisión total a su maestro y el culto que este les proveía era lo único que debía existir en sus mentes; además de que solamente él era el único que tenía comunicación directa con Dios y, por lo tanto, el portador de los mensajes.

     Roch tenía preferencia por algunas de sus concubinas en las noches y en ocasiones el licor que él consumía, lo transformaban en un hombre brutal y despiadado, llegando incluso a involucrar a algunos de sus súbditos en orgías que duraban horas; prolongandose, en ocasiones, en días completos sin importar los gritos lastimeros de los pequeños desatendidos, los cuales eran castigados a causa de su llanto y encerrados en uno de los cuartos. Según Roch, era mandato de Dios que el llanto fuera disipado por medio del castigo ya que este lo consideraba como manifestación innegable de pecado. Hombres y mujeres eran inducidos a un estado de trance en el que creían que su líder tenía poderes que el mismo Dios le había otorgado y seguían al pie de la letra cada uno de sus deseos.
Esa noche, después de haber llevado al extremo el contacto sexual múltiple y desenfrenado, Roch se preparaba a intervenir quirúrgicamente a su primer esposa, quien se encontraba exhausta. Ella debía ser sometida a la extirpación de una de sus costillas ya que Dios le había hablado a Roch en ese momento y le había ordenado que se la extirpara, la puliera y la luciera colgada en su cuello como collar; según él, esto demostraría su total entrega y amor para quien era el encargado de gobernar el nuevo mundo. Al inicio, nadie objetó la locura de la que éste hablaba y, por el contrario, sirvieron de ayudantes para sujetar a la mujer, pero esta ya no oponía resistencia, pues ya se encontraba a punto de sucumbir por el efecto del alcohol y el cansancio. De inmediato, la sangre salió a borbotones y poco después de haberle cortado parte del hueso de su costado, la mujer se fue desvaneciendo mientras sus ojos se apagaban, al mismo tiempo que contemplaba como su "amante" le arrebataba la vida.





     Amputaciones, golpes, sodomías e infinidad de prácticas despiadadas provenían de la mente perversa de Roch, quien se auto proclamaba parte del Dios creador; el mismo que le había encomendado la tarea de repoblar la tierra con la nueva semilla que heredaría el paraíso. Manteniendo comunicación constante con él a través de visiones y sueños reveladores y quien -incluso- le había ordenado el asesinato de uno de sus hijos con tan solo pocos meses de haber nacido...




Roch "Moses" Theriault (El Mesías salvaje)
Canadá 1947-2011

       

Hector Ruiz-Ospina
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